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Mujer

Reflexiones sobre el Día de la Madre

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Uno de los días más esperados y celebrados del calendario es sin duda, el Día de la Madre. A pesar de que en la actualidad y en muchos contextos haber adquirido una perspectiva comercial, todavía para la mayoría es un motivo de homenaje a un ser que ciertamente es muy importante en la historia de cada uno de nosotros.

Hay una idealización de la figura materna, se imagina siempre a una persona abnegada, sacrificada, generosa, en suma, una síntesis de las virtudes humanas, olvidándonos quizá, que antes de todo aquello, son seres humanos, que aman, sienten, pero también sufren. Mantenerla en un pedestal, no siempre la favorece.

Podría escribir yo en este espacio frases hermosas, como que ser madre es maravilloso, que es una experiencia única, que es saber lo que significa “el amor incondicional”. Pero sé, que esas frases las leerá usted amigo lector, en casi todos los textos alusivos a la progenitora. Prefiero pensar un poquito fuera del cuadro.

Ser madre es también sentirse exhausta, es perder la cordura en muchas situaciones, es sentirse incomprendida y muchas veces sentirse culpable, es no reconocerse al mirarse al espejo después de muchas noches mal dormidas, es dejar de hacer tantas cosas…

Hay quienes cuestionan el llamado instinto materno, Simone de Beauvoir decía que “el amor materno no es natural”, para ella la aseveración de que ser madre es una situación de instinto natural, es uno de los principales mandatos de género impuesto a las mujeres. De hecho, se sigue cuestionando el rechazo al “instinto materno”.

La responsabilidad atribuida a las madres es inmensa, expertos afirman que un alto porcentaje de todo lo que aprendemos en la vida y sobre el arte de vivir es asimilado hasta los cinco años de edad. Y quien generalmente está más presente es la madre, ella tiene una gran influencia en el periodo más crítico de nuestra formación.

Decía un siquiatra que había dedicado su vida a estudiar y tratar las relaciones entre madres e hijos, que nadie ejerce tanta influencia, sobre tan pocas personas, durante tanto tiempo, como la madre. Aunque se quiera, uno nunca va a olvidar a su madre, ella está en la médula, en el centro de su cerebro, pondera el estudioso.

Finalizo estos pensamientos sueltos, lamentando como una fecha tan importante termine opacada por la frenética corrida consumista, que sofoca los posibles verdaderos valores que podrían ser concretados en la civilización contemporánea, con una mirada más noble, más humana, quizá más maternal.

Redacción de:Alessandra Benguer

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