Hace casi un año, lo que debía ser una tarde de celebración cultural en Vancouver se convirtió en tragedia. Un hombre condujo su vehículo a toda velocidad contra la multitud reunida en el festival Lapu-Lapu Day, dejando once personas sin vida y a más de treinta heridas. El país nunca lo olvidó. Y la comunidad filipina, tampoco.
Con el primer aniversario del ataque aproximándose el próximo veintiséis de abril, Vancouver vivió esta semana momentos de memoria colectiva, pero también de división interna sobre cómo honrar a quienes ya no están.
Entre el duelo y el desacuerdo
Filipino BC, la organización que coordina la comunidad filipina en la provincia, organizó el festival «Lapu-Lapu Day of Togetherness» entre el diecisiete y el diecinueve de abril, una semana antes del aniversario exacto, para dejar esa fecha reservada a la reflexión y los actos de memorial. El evento se realizó en el Italian Cultural Centre de Vancouver.
Sin embargo, no todos estuvieron de acuerdo. La Lapu-Lapu Society organizó una protesta durante el festival, argumentando que es demasiado pronto para celebrar y que el duelo colectivo todavía no ha concluido. El consulado general de Filipinas en Vancouver organizó además una misa memorial en la parroquia de St. Mary el dieciocho de abril, a la que asistieron cientos de personas para orar por las víctimas.
Kai-Ji Adam Lo enfrenta once cargos de asesinato en primer grado y treinta y un cargos de intento de asesinato por el ataque. El proceso judicial continúa en los tribunales de Columbia Británica. Para muchas familias, la espera por la justicia es parte ineludible del camino hacia la sanación. «Mi esposa era una persona llena de vida. Todavía no entiendo cómo puede pasar algo así en un festival familiar», declaró el esposo de una de las víctimas en medios canadienses.
El impacto en las comunidades inmigrantes de Canadá
El ataque de Lapu-Lapu Day dejó una marca en algo que muchas comunidades inmigrantes consideran sagrado: el espacio de reunión cultural. Para los filipinos, para los hispanos, para los coreanos y para decenas de otras comunidades que celebran sus tradiciones en espacios públicos canadienses, la pregunta que quedó flotando es silenciosa pero real: ¿pueden seguir haciéndolo con la misma libertad?
Organizadores de festivales comunitarios en todo el país reportan que las medidas de seguridad se han reforzado considerablemente desde abril del año pasado. Los municipios han implementado barreras vehiculares en eventos públicos masivos, y muchas asociaciones han revisado sus protocolos de emergencia.
Para la comunidad latinoamericana en Canadá, que también organiza festivales, ferias y celebraciones a lo largo del año, el caso Lapu-Lapu es un recordatorio de la vulnerabilidad que puede existir en los momentos de mayor alegría colectiva. Renunciar a esos espacios sería también una pérdida enorme. Ese es el dilema que muchas comunidades siguen procesando, un año después.
Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter





