Carney admite lo que muchos en Canadá ya sienten: depender tanto de Estados Unidos se convirtió en un problema

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Hubo un tiempo en que la cercanía económica de Canadá con Estados Unidos era considerada uno de sus mayores activos. Compartir frontera, idioma y miles de lazos empresariales con la economía más grande del mundo era una ventaja que pocos países en el planeta podían igualar. Esta semana, el primer ministro Mark Carney pronunció una frase que resume el giro que ha dado esa realidad: esa cercanía, dijo, se ha convertido en una “debilidad que debemos corregir”.

La declaración, hecha en un video difundido el domingo y recogida ampliamente por medios internacionales incluyendo la BBC, marca un punto de inflexión en el discurso del gobierno canadiense. Ya no se trata solo de resistir aranceles: se trata de reconocer que la estructura misma de la economía canadiense necesita cambiar.

Qué cambió y por qué Carney lo dice ahora

“Estados Unidos ha cambiado su enfoque comercial de manera fundamental”, afirmó Carney. “Muchas de nuestras fortalezas anteriores, arraigadas en los estrechos vínculos con América, se han convertido en debilidades. Debilidades que debemos corregir.”

El contexto es la política arancelaria del gobierno de Donald Trump, que ha golpeado sectores clave de la economía canadiense: automóviles, acero, aluminio, madera. En plantas de piezas automotrices, trabajadores describieron a medios locales turnos reducidos y una incertidumbre que no saben cuándo terminará.

La novedad no es la crisis en sí, los aranceles llevan meses afectando a industrias canadienses, sino el tono con el que Carney la nombra. El primer ministro está diciéndole a la población que el modelo que funcionó durante décadas ya no basta, y que Canada debe reinventarse económicamente.

Diversificarse ha sido la bandera. ¿Qué tan posible es?

La solución que propone Carney pasa por diversificar los socios comerciales de Canadá: fortalecer los lazos con Europa y con los países del Indo-Pacífico para no depender tanto del mercado estadounidense. El país ya tiene acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y con varios países de Asia y del Pacífico, pero hasta ahora el comercio real sigue concentrado masivamente en el sur.

Reducir esa dependencia requiere tiempo, inversión y una reorientación profunda de las cadenas de suministro que no ocurre de un trimestre a otro. Que Carney lo anuncie como prioridad es relevante, pero los efectos tardarán años en sentirse en la economía real.

Para la comunidad latinoamericana en Canadá, hay un ángulo de esperanza en este giro: Canadá ya tiene acuerdos de libre comercio con Chile, Colombia, Perú, Honduras, Panamá y Costa Rica. Una reorientación real hacia más socios comerciales podría, en principio, fortalecer esos vínculos y generar oportunidades nuevas en ambas direcciones. Pero eso también depende de lo que ocurra en esos países y de si los gobiernos aprovechan el momento.

Lo que esto significa para quienes trabajan en Canadá

En el corto plazo, la realidad es más áspera que el discurso. La diversificación comercial tarda. Mientras tanto, los sectores más afectados por los aranceles estadounidenses, manufactura, automotriz, acero entre otros, son también aquellos donde trabaja una proporción significativa de inmigrantes en Ontario, Quebec y Alberta.

Para quienes llegaron a Canadá con la expectativa de una economía estable y creciente, la turbulencia actual es desconcertante. La promesa de Carney de enviar actualizaciones regulares sobre los avances en la diversificación es al menos una señal de que el gobierno reconoce que la ciudadanía necesita información, no solo discursos.

Lo que queda en el aire es si las palabras se convertirán en políticas concretas antes de que los efectos económicos sean más profundos.

Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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