Lo que ayer divulgamos en The Spanish Media sobre Air Canada tiene ahora una segunda parte: WestJet, la otra gran aerolínea canadiense, anunció el lunes que también reducirá su capacidad de vuelos durante la primavera y el verano, citando el mismo problema, el encarecimiento del combustible de aviación provocado por la guerra en Irán. El sector aéreo canadiense enfrenta su mayor presión de costos en años.
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¿Qué está cambiando exactamente?
WestJet ha comenzado a consolidar rutas, reduciendo la frecuencia de vuelos en los trayectos con menos demanda y acortando los períodos de operación de algunos servicios estacionales. Por ahora, ninguna ruta ha sido eliminada del todo, pero la aerolínea advirtió que evaluará el resto de su calendario de verano en las próximas semanas.
Los recortes se concentran principalmente en rutas domésticas dentro de Canadá. Los vuelos hacia destinos en Estados Unidos y hacia el Caribe, México, Centroamérica, tienen un impacto menor por ahora, según informó la propia compañía. Para los viajeros ya con boleto, WestJet ha dicho que está ofreciendo alternativas de vuelo a quienes resulten afectados por los cambios en los itinerarios.
“El combustible es el mayor costo operativo de una aerolínea, y un recargo temporal nos ayuda a gestionar el repunte reciente en los precios”, señaló WestJet en un comunicado oficial publicado en su sitio web.
Un recargo que complica los planes de viaje
Además de los recortes de capacidad, WestJet introdujo un recargo temporal de sesenta dólares sobre los canjes realizados con los cupones de acompañante del programa WestJet Rewards. Para paquetes de Sunwing Vacations y Vacances WestJet Québec, el cargo adicional es de cincuenta dólares por persona.
Para muchas familias hispanas que planean visitar a sus países de origen durante el verano, o que tienen vuelos hacia México o el Caribe ya reservados, esto significa costos adicionales que no estaban contemplados al momento de comprar los boletos.
La raíz del problema: el Estrecho de Ormuz
Tanto Air Canada como WestJet apuntan al mismo origen: la guerra en Irán lanzada a finales de febrero cerró efectivamente el flujo de petróleo por el Estrecho de Ormuz, una de las arterias más críticas del suministro energético mundial. Eso disparó el precio del crudo en los mercados internacionales, y el combustible de aviación, que no tiene la misma cobertura de subsidios que la gasolina para consumidores, se mantiene en más del doble de su precio previo al conflicto, incluso después de un frágil alto al fuego.
El gobierno federal suspendió esta semana el impuesto especial sobre los combustibles para autos hasta el Día del Trabajo, pero esa medida no aplica al queroseno de aviación, que las aerolíneas absorben directamente. Por eso, mientras el conductor puede esperar algún alivio en el surtidor, el viajero aéreo es quien más siente el peso del choque energético.
Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter





