Hay una paradoja silenciosa en la geopolítica norteamericana de este año: mientras Estados Unidos ha presionado a Canadá y a México con aranceles y amenazas comerciales desde hace más de un año, los otros dos países del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) han empezado a acercarse más entre sí. El resultado es una relación bilateral cada vez más activa entre Ottawa y Ciudad de México.
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Un plan de acción conjunto
Canadá y México anunciaron en semanas recientes un plan de acción conjunto para profundizar su integración económica, reducir barreras regulatorias y ampliar el comercio bilateral en sectores estratégicos como manufactura, minerales críticos, infraestructura y tecnología. La iniciativa se enmarca en la revisión del T-MEC que está programada para julio de 2026, y en la que ambos países quieren llegar con posiciones coordinadas frente a Washington.
El contexto es relevante: cuando el gobierno de Trump impuso aranceles universales a inicios de abril, Canadá y México quedaron exentos de esa ronda específica. Sin embargo, ambos países siguen sometidos a otras cargas arancelarias previas y a la incertidumbre de futuras medidas. Esa presión compartida ha actuado como motor para que los dos socios norteamericanos busquen reducir su vulnerabilidad ante los vaivenes de la política comercial estadounidense.
¿Qué significa esto para los hispanos en Canadá?
Para la comunidad mexicana, una de las más numerosas dentro de la población hispana en Canadá, el acercamiento entre los dos países tiene implicaciones concretas y simbólicas al mismo tiempo. En lo concreto, un T-MEC renovado con mayor integración entre Canadá y México puede generar oportunidades de empleo en sectores exportadores que contratan trabajadores bilingües, facilitar el reconocimiento de credenciales profesionales, y eventualmente abrir más vías de cooperación en materia laboral y de movilidad.
En lo simbólico, el hecho de que los dos países donde viven y trabajan los mexicanos en Canadá estén construyendo una relación más sólida genera una sensación de pertenencia doble que no siempre está presente en la vida cotidiana del inmigrante.
Una disputa que sigue pendiente
No todo es convergencia. El gobierno estadounidense amenazó en abril con imponer nuevas sanciones comerciales a México por la disputa sobre el agua del Río Grande, un conflicto que lleva años sin solución y que involucra compromisos de tratados internacionales que México no ha cumplido en su totalidad según Washington. Esa tensión entre México y Estados Unidos, aunque no afecta directamente a Canadá, complica el entorno general en el que se negocia el futuro del acuerdo trilateral.
La revisión formal del T-MEC entre Ottawa y Washington aún no ha comenzado de manera oficial, pero para los tres países el reloj ya está corriendo hacia julio.
Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter





