El uso de aplicaciones móviles diseñadas para identificar el origen de los productos y facilitar el boicot a marcas estadounidenses aumentó de forma notable en Dinamarca y otros países europeos tras el incremento de tensiones diplomáticas entre Estados Unidos y Dinamarca por los planes del presidente estadounidense sobre Groenlandia.
Herramientas como “Made O’Meter” y “NonUSA” registraron un crecimiento acelerado en descargas y uso a finales de enero, coincidiendo con el punto más alto de la crisis diplomática. Las aplicaciones permiten escanear productos en supermercados para identificar su país de origen y sugerir alternativas fabricadas en Europa, utilizando tecnologías de análisis de imágenes e inteligencia artificial. En pocos días, estas plataformas concentraron decenas de miles de nuevas descargas y un aumento significativo en el número de escaneos diarios de productos.
Las aplicaciones se utilizan principalmente en Dinamarca, aunque también han ganado usuarios en otros países europeos como Alemania, España e Italia, así como en algunos países fuera del continente. Su popularidad refleja un interés creciente de los consumidores por tomar decisiones de compra basadas en el origen de los productos y en criterios políticos o económicos.
Impacto limitado y alcance simbólico del boicot
A pesar del incremento de usuarios, diversos análisis indican que el impacto económico real de este tipo de iniciativas podría ser limitado. En los supermercados daneses, la proporción de productos de origen estadounidense es relativamente baja en comparación con los productos europeos. Además, gran parte del consumo cotidiano en Dinamarca depende de tecnología y servicios de empresas estadounidenses, lo que reduce el alcance práctico de los boicots centrados únicamente en bienes de consumo.
Especialistas en economía del comportamiento señalan que este tipo de campañas de boicot impulsadas por consumidores individuales suelen ser de corta duración y tienen un efecto más simbólico que estructural. Para generar cambios sostenidos en los flujos comerciales, sería necesario un esfuerzo coordinado entre grandes cadenas de distribución y políticas de compra a mayor escala, capaces de influir en las decisiones de importación y en la oferta disponible en los supermercados europeos.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





