Muchos consumidores evitan productos como pasteles glaseados y optan por alternativas que se presentan como más sanas, como granolas “totalmente naturales”, yogures bajos en grasa “hechos con fruta real”, leches vegetales “orgánicas” y batidos de “superalimentos”. Sin embargo, expertos advierten que este tipo de productos puede contener cantidades elevadas de azúcar añadida, ocultas tras estrategias de marketing y palabras clave asociadas a una alimentación saludable.
Los azúcares añadidos no siempre son fáciles de identificar a simple vista. Diversas marcas utilizan ingredientes alternativos y mensajes publicitarios que desvían la atención del consumidor, a pesar de que el consumo excesivo de azúcar está vinculado a enfermedades cardíacas, obesidad, diabetes y otros riesgos para la salud. En promedio, una persona en Estados Unidos consume alrededor de 17 cucharaditas de azúcar añadido al día, lo que equivale a unos 68 gramos, según datos de la Asociación Americana del Corazón. Aproximadamente la mitad de esta cantidad proviene de bebidas, mientras que el resto se encuentra en cereales, productos lácteos, panes integrales, salsas y alimentos procesados.
Etiquetas, edulcorantes alternativos y recomendaciones de consumo
Desde 2021, las empresas alimentarias están obligadas a detallar los azúcares añadidos en las etiquetas nutricionales, separándolos del total de azúcares. No obstante, este cambio ha tenido un efecto limitado, ya que muchas compañías han reducido el uso de edulcorantes tradicionales como el azúcar refinado o el jarabe de maíz de alta fructosa, pero han incorporado sustitutos como el fruto del monje o el eritritol, que no siempre se contabilizan como azúcares añadidos según las normas de la FDA. Como resultado, numerosos productos siguen siendo muy dulces.
La recomendación oficial de la FDA indica que el azúcar añadido no debería superar el 10% de las calorías diarias, lo que equivale a unos 50 gramos en una dieta de 2.000 calorías. Sin embargo, algunos especialistas consideran que este umbral es elevado, especialmente para personas con diabetes o prediabetes, para quienes se sugiere reducirlo a menos del 5% o incluso acercarse a cero.
Los expertos subrayan la importancia de revisar cuidadosamente las etiquetas nutricionales y no confiar únicamente en afirmaciones como “orgánico” o “natural”. Productos aparentemente inofensivos, como frutos secos tostados, leches vegetales, yogures griegos, muffins ingleses o snacks saborizados, pueden contener cantidades significativas de azúcar añadida. Ante este escenario, se recomienda optar por versiones sin azúcar y añadir ingredientes de forma controlada, como fruta fresca o pequeñas cantidades de endulzantes naturales.
Finalmente, aunque los edulcorantes artificiales pueden reducir las calorías, tampoco están exentos de controversia, ya que el sabor dulce en sí puede estimular el apetito y el consumo excesivo. Para la población general, los especialistas coinciden en que disminuir la dependencia del dulzor en la dieta es una estrategia clave para mejorar la salud a largo plazo.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





