¿Está Canadá ganando o perdiendo frente a los aranceles de Trump?

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El gobierno dice que negocia. La oposición dice que no hay negociación. El embajador estadounidense dice que no hubo conversaciones serias en meses. El ministro de Comercio dice que las hay. La semana pasada, el debate sobre cómo está manejando Canadá la guerra comercial con Estados Unidos llegó a uno de sus momentos más crudos, con acusaciones directas, versiones contradictorias y, en el fondo, una pregunta que ninguno de los dos bandos responde del todo bien: ¿qué está haciendo realmente Canadá para proteger a sus trabajadores y su economía?

El argumento de Poilievre: los resultados hablan por sí solos

El líder conservador Pierre Poilievre fue contundente en la Cámara de los Comunes el martes. Carney fue elegido, dijo, con la promesa central de ganar la negociación comercial con Trump. Y desde entonces, según Poilievre, lo que ha habido es una secuencia de derrotas. “Ha estado perdiendo, perdiendo, perdiendo”, declaró el jefe de la oposición.

Para sustentar su crítica, Poilievre señaló que el embajador estadounidense en Canadá, Pete Hoekstra, afirmó públicamente que no ha habido “negociaciones sustanciales” desde el otoño pasado, cuando una disputa sobre una campaña publicitaria de Ontario tensó las relaciones entre Ottawa y Washington. Mientras México celebró dos rondas formales de conversaciones con el equipo de Trump en lo que va del año, Canadá no tiene fecha confirmada para su propia negociación.

La lectura conservadora es simple: sin negociaciones formales no puede haber avances, y sin avances los aranceles siguen golpeando la economía. Según esta versión Careny habla mucho, pero negocia poco.

El argumento de Carney: la diplomacia no siempre se ve en público

El gobierno rechaza la lectura de Poilievre. El ministro de Comercio, Dominic LeBlanc, insistió en que mantiene “conversaciones activas” con funcionarios estadounidenses, y que si se estuvieran agendando reuniones con regularidad es precisamente porque la contraparte considera que el proceso va en serio. Canada, dijo el gobierno, “ha presentado propuestas formales” y está “lista para trabajar de inmediato”.

La jefa negociadora Janice Charette reforzó ese mensaje desde otro ángulo: advirtió que en una negociación real no se puede esperar que el otro lado hable bien de ti en público. “No van a escuchar muchos ramos de flores”, dijo, sugiriendo que las declaraciones duras del lado americano —incluyendo las del embajador Hoekstra— son parte del juego, no evidencia de fracaso.

Hay también un argumento estructural: Carney llegó al cargo en un contexto de enorme presión y ganó las elecciones con un mandato para defender a Canadá frente a Trump. Sus defensores señalan que cambiar la arquitectura comercial de un país no es algo que ocurra en semanas, y que construir alternativas reales al mercado estadounidense requiere un trabajo largo que no siempre se mide en titulares.

Las preguntas que ninguno de los dos responde bien

El problema con el debate tal como se está dando es que ninguna de las dos posiciones ofrece una respuesta completa. Poilievre critica con fuerza, pero no detalla qué haría distinto: ¿negociaría de forma más pública? ¿Haría más concesiones? ¿Sería más duro? La oposición en Canadá, como en muchos países, tiene la ventaja de señalar sin tener que proponer.

Carney, por su parte, pide confianza en un proceso que por definición no puede verse en su totalidad desde afuera. Pero esa misma opacidad es la que genera desconfianza, especialmente cuando el embajador del país con el que se negocia dice públicamente que no hay conversaciones serias. Aunque LeBlanc lo contradiga, la credibilidad de esa contradicción es difícil de establecer sin evidencia.

Para la comunidad latina, que trabaja en sectores directamente expuestos a esta disputa, el resultado de este debate no es abstracto. Cada mes que pasa sin un acuerdo es un mes más de aranceles que encarecen exportaciones, reducen márgenes empresariales y, en algunos casos, llevan a recortes de personal. La pregunta que importa no es quién tiene mejor argumento político, sino qué estrategia protege mejor los empleos y el costo de vida de quienes viven aquí.

Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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