Diciembre suele estar lleno de decisiones, y una de las menos consideradas llega después de las celebraciones: qué hacer con el árbol de Navidad. De acuerdo con The Nature Conservancy, cerca de 10 millones de árboles naturales terminan cada año en vertederos, donde su descomposición genera gases de efecto invernadero y contaminación ambiental.
Cuando los árboles se entierran bajo tierra, se descomponen de forma anaeróbica, sin oxígeno, un proceso lento que puede tardar años y que produce metano y dióxido de carbono, gases que contribuyen al cambio climático y pueden afectar las aguas subterráneas. Sin embargo, existen alternativas sencillas y ecológicas para darles un segundo uso.
Antes de optar por cualquiera de estas opciones, especialistas recomiendan retirar completamente adornos, oropel y nieve artificial en aerosol, conocidos como flocking, para evitar residuos contaminantes.
Del jardín al ecosistema local
Una de las opciones más comunes es reutilizar el árbol como mantillo o leña. Las ramas pueden cortarse y distribuirse en el jardín para proteger el suelo, los bulbos y las raíces de plantas perennes durante el invierno. El tronco, una vez cortado y secado, puede utilizarse como leña meses después. Las agujas de pino, además, no alteran de forma significativa el pH del suelo, por lo que no representan un riesgo para las plantas.
Otra alternativa es usar el árbol como refugio para la fauna. En propiedades con estanques, los árboles pueden hundirse para ofrecer protección a los peces. En jardines, colocarlos de forma segura permite que aves no migratorias los utilicen como refugio, especialmente si se complementan con comederos. Incluso dejarlos en un rincón apartado del patio puede servir de abrigo para distintas especies durante el invierno.
A nivel comunitario, muchos municipios organizan programas de recolección tras las fiestas. En estos casos, los árboles se reutilizan para reforzar dunas, reducir la erosión o se trituran para producir mantillo que luego se entrega gratuitamente a los residentes. También existe la opción de donarlos a granjas locales, donde pueden utilizarse como alimento o material complementario para el ganado.
Especialistas y organizaciones ambientales coinciden en que reutilizar el árbol de Navidad no solo evita impactos negativos en el ambiente, sino que también puede aportar beneficios directos al hogar y a los ecosistemas locales.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





