Los servicios de salud que muchos inmigrantes ya usan podrían cambiar en los próximos años

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Cuando se emigra a Canadá, uno de los argumentos que más pesan en la decisión es el sistema de salud público. Atención médica sin pagar en la consulta, cobertura para toda la familia, un sistema que en teoría no deja a nadie sin acceso. Esa imagen motivó a cientos de miles de personas a elegir este país. Y aunque no está en riesgo de desaparecer, hay señales claras de que el sistema va a tener menos respaldo económico del gobierno federal en los próximos años, con efectos que se van a sentir en los servicios del día a día.

¿Qué está cambiando en el financiamiento?

El gobierno federal transfiere a las provincias una cantidad importante de dinero cada año para financiar los sistemas de salud. Esas transferencias bilaterales, que crecieron con fuerza durante la pandemia y los años posteriores, van a comenzar a reducirse bajo el gobierno de Mark Carney. Las provincias son las que operan los hospitales, las clínicas, los programas de salud mental y los servicios comunitarios, y son ellas las que ahora tienen que hacer cuentas sobre qué pueden sostener con menos dinero federal.

No se trata de un colapso repentino ni de algo que se va a notar mañana. Pero es una presión que se va a acumular y que los servicios más nuevos o más frágiles van a absorber antes que los demás. Las listas de espera para especialistas, que ya son largas en la mayoría de las provincias, podrían extenderse. Los programas dirigidos a poblaciones vulnerables, entre ellos, varios que atienden específicamente a inmigrantes recientes, son históricamente los primeros en perder financiamiento cuando hay recortes.

¿Qué servicios están bajo presión?

El caso más concreto y urgente es el del Pharmacare. Los acuerdos que cubrían medicamentos esenciales (insulina para personas con diabetes, anticonceptivos) en cuatro provincias dependen del financiamiento federal que ahora está en duda. Pero el impacto va mucho más allá de los medicamentos.

Servicios de interpretación en hospitales para pacientes que no hablan inglés ni francés, programas de salud comunitaria en barrios con alta concentración de inmigrantes, acceso a psicólogos y trabajadores sociales a través del sistema público: todos estos servicios dependen, en distinta medida, de que el financiamiento federal se mantenga. Organizaciones de salud comunitaria en Ontario ya han expresado preocupación por lo que pueden ocurrir con estos programas si los recortes se confirman tal como se anticipan.

¿Qué conviene hacer ahora?

Hay pasos concretos que tienen sentido tomar antes de que los cambios se materialicen. Registrarse con un médico de familia si aún no se tiene uno es probablemente lo más importante, porque el acceso a especialistas en Canadá suele pasar por ese médico de cabecera. Conocer los servicios de salud comunitaria disponibles en el barrio también es útil: muchos de ellos son gratuitos y no dependen exclusivamente del financiamiento federal. Y vale la pena entender si los programas a los que se tiene acceso actualmente son financiados por Ottawa o por la provincia, porque ante recortes federales, los programas provinciales tienen mayor estabilidad.

El sistema de salud público canadiense no está desapareciendo. Pero la promesa de que Canadá ofrece cobertura universal robusta requiere que alguien la pague, y la señal del gobierno actual es que esa carga va a recaer más sobre las provincias. Para quienes eligieron este país en parte por su sistema de salud, eso es algo que vale la pena seguir de cerca.

Redacción de: Mauricio Navas Talero, LJI Reporter

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