Un nuevo estudio revela una preocupante tendencia: un promedio de siete personas mueren cada año en Canadá al intentar salvar a alguien que se está ahogando. Entre enero de 2010 y diciembre de 2019, 74 personas fallecieron en circunstancias similares, según investigadores del Centro de Investigación para la Prevención de Ahogamientos de Canadá y la Sociedad de Salvamento de Ontario.
“Intervenir en caso de ahogamiento es fundamental para el desenlace de la persona que comenzó a ahogarse. Sin embargo, es fundamental hacerlo de forma segura”, advirtió Tessa Clemens, coautora del estudio, publicado originalmente en la revista BMJ y difundido nuevamente por la Lifesaving Society debido al reciente aumento de ahogamientos en Ontario y Quebec.
La mayoría de rescatistas no están entrenados para intervenir
El análisis abarcó 4.535 ahogamientos fatales en ese periodo de 10 años, y en más de la mitad de los casos, alguien intentó un rescate. Muchos de los rescatistas no tenían formación en salvamento acuático y, aun así, ingresaron al agua, arriesgando su propia vida para alcanzar a la víctima.
Según Clemens, los rescates que implican contacto directo con la persona que se está ahogando sólo deben ser realizados por personas con entrenamiento especializado. En su lugar, se recomienda realizar un “rescate sin contacto”, que consiste en pedir ayuda, lanzar un objeto flotante (como una boya o un chaleco salvavidas) o extender un palo desde un lugar seguro. Además del peligro de ser arrastrados por la víctima, muchas personas sobreestiman su habilidad para nadar en entornos naturales como lagos, ríos u océanos. “Nadar en una piscina puede ser muy diferente a hacerlo en aguas abiertas, especialmente en situaciones de alto riesgo”, explicó Clemens.
El estudio también encontró que la mayoría de los rescatistas que murieron conocían a la persona que intentaban salvar, aunque algunos eran transeúntes. Muchos casos involucran a padres que intentan rescatar a sus hijos, lo que intensifica el instinto de lanzarse al agua sin considerar los riesgos.
Como medidas preventivas, los expertos recomiendan:
- Supervisar constantemente a niños en el agua y mantenerlos siempre al alcance.
- Instalar cercas seguras alrededor de piscinas privadas.
- Usar chalecos salvavidas al navegar.
- Nadar en lugares con presencia de salvavidas.
- Acceder a cursos de natación y entrenamiento básico en rescate, disponibles para adultos y niños a través de la Lifesaving Society.
“La prevención es clave”, concluyó Clemens, instando a la ciudadanía a actuar con responsabilidad y preparación para evitar que un intento de ayuda se convierta en una segunda tragedia.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





