Un estudio publicado en la revista BMJ Open ha revelado que el abuso verbal sufrido durante la infancia puede tener consecuencias en la salud mental equivalentes a las del abuso físico. El análisis, basado en datos de más de 20.000 adultos en Inglaterra y Gales, muestra que las personas que experimentaron maltrato físico en su niñez tienen un 50% más de riesgo de presentar problemas de salud mental en la adultez. En el caso del abuso verbal, el riesgo se incrementa en un 60%.
El estudio identificó una disminución significativa del maltrato físico en las últimas décadas, reduciéndose del 20 % en personas nacidas entre 1950 y 1979, al 10% en quienes nacieron a partir del año 2000. En contraste, el abuso verbal ha mostrado un aumento durante el mismo periodo.
En Estados Unidos, datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades indican que más del 60% de los adolescentes encuestados reportaron haber experimentado abuso emocional, y cerca del 32% informó haber sufrido maltrato físico. Aunque el término utilizado fue “abuso emocional”, los comportamientos descritos se asemejan al abuso verbal analizado en el estudio del Reino Unido.
Los investigadores utilizaron herramientas validadas para medir tanto las experiencias adversas en la infancia como los indicadores de salud mental en la edad adulta. El informe destaca que el abuso verbal puede incluir actos como culpar, insultar, amenazar, ridiculizar o denigrar a un niño, y que este tipo de maltrato puede tener efectos psicológicos duraderos, al afectar directamente la autoestima, el desarrollo emocional y la percepción del mundo de la persona.
El estudio también señala que los efectos del lenguaje negativo en la infancia pueden manifestarse posteriormente como ansiedad, depresión o bajo bienestar general. Aunque se trata de una investigación observacional —lo que impide establecer causalidad directa— los resultados refuerzan la evidencia previa sobre los efectos perjudiciales del abuso verbal.
Los autores enfatizan la importancia de mejorar los entornos infantiles como una medida clave para prevenir problemas de salud mental a largo plazo. Proponen que los adultos que rodean a los niños —incluidos padres, cuidadores y educadores— deben estar informados sobre el impacto potencial del lenguaje negativo, y que se deben fortalecer las estrategias de prevención y apoyo para fomentar un desarrollo emocional saludable.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





