Casos de gripe disminuyen pero el COVID podría aumentar esta primavera, según expertos

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Ill Woman with the Flu at Home

La temporada invernal de gripe en Canadá está entrando en su tramo final, de acuerdo con la vigilancia nacional de virus respiratorios: los indicadores de actividad de la influenza han seguido bajando en todo el país hasta inicios de febrero. El descenso llega después de un pico fuerte en diciembre, cuando se concentraron más contagios, hospitalizaciones y visitas a urgencias. Aunque la temporada no ha terminado del todo, el patrón apunta a una caída sostenida.

Un factor que pesó este invierno fue la efectividad más baja de la vacuna contra la gripe frente a temporadas previas, lo que ayudó a explicar por qué el brote fue más duro de lo habitual. Aun así, el panorama general ahora es de salida gradual del periodo más intenso de influenza.

COVID-19 podría repuntar mientras cae la gripe

Con la gripe y el virus respiratorio sincitial (VRS) a la baja, los especialistas ven probable que el COVID-19 tenga un crecimiento en los próximos meses, como ya ha ocurrido en primaveras pasadas. El efecto se relaciona con la estacionalidad de los virus respiratorios y con el paso del tiempo desde las campañas de refuerzo del otoño.

La guía de vacunación de Health Canada recomienda un refuerzo anual contra COVID-19 para personas con mayor riesgo de enfermedad grave: adultos mayores, residentes de cuidados de largo plazo, personas embarazadas y quienes tienen condiciones de salud subyacentes. En casos específicos —como personas con el sistema inmune gravemente comprometido— el esquema puede ser más frecuente, siempre evaluado con un profesional de la salud.

Antibióticos: útiles cuando toca, riesgosos si se abusan

Con la presión invernal cediendo, vuelve a ponerse sobre la mesa el uso responsable de antibióticos. Su empleo innecesario favorece la resistencia bacteriana, un problema global que reduce la eficacia de estos fármacos. Además, los antibióticos alteran la microbiota: no distinguen entre bacterias “malas” y “buenas”, por lo que pueden afectar la salud intestinal y otros ecosistemas del cuerpo.

Cuando hay una infección bacteriana confirmada, los antibióticos son imprescindibles. Para mitigar efectos en el intestino, algunos profesionales sugieren acompañarlos con probióticos o alimentos fermentados como el yogur, que pueden ayudar a recuperar el equilibrio de la microbiota.

Redacción de: Karen Rodríguez A.