Durante años, Canadá fue señalado en los foros de la OTAN como el aliado que prometía contribuir más a la defensa colectiva pero que, año tras año, volvía a quedarse corto. Ese perfil cambió en 2026. En la cumbre de La Haya, el primer ministro Mark Carney firmó un compromiso que ningún gobierno canadiense había asumido antes: llevar el gasto en defensa a cinco por ciento de la economía del país para el año 2035.
Contenido
Un compromiso que llega con historia detrás
La Alianza Atlántica llegó a la cumbre de los Países Bajos con una presión que se venía acumulando desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca y empezó a cuestionar en voz alta el valor de la OTAN para Estados Unidos. El mensaje fue directo: quien no ponga su parte en la defensa colectiva no puede contar con la misma protección. Canadá, que llevaba más de una década incumpliendo incluso el objetivo anterior, lo tomó en serio esta vez.
Carney anunció que el país había logrado finalmente alcanzar el umbral histórico que la OTAN venía exigiendo, un hito que el país había prometido cumplir durante años sin lograrlo y que a partir de ahí el compromiso era subir hasta cinco por ciento. El plazo para llegar a esa meta es de diez años.
Cuánto dinero representa esto en la práctica
En una entrevista con la cadena CNN, el primer ministro explicó que cinco por ciento del Producto Interno Bruto de Canadá equivale hoy a una suma del orden de ciento cincuenta mil millones de dólares al año. Para ponerlo en perspectiva: es una cantidad que supera con creces el presupuesto anual de la mayoría de los ministerios federales combinados.
La Oficina del Presupuesto del Parlamento calculó que llegar a esa meta exigiría un gasto adicional de decenas de miles de millones por año durante la próxima década. El compromiso se divide en dos bloques: al menos la mitad debe ir a defensa directa, equipo militar, salarios de las fuerzas armadas, tecnología, y el resto puede destinarse a infraestructura de seguridad nacional como puertos, carreteras estratégicas y sistemas de comunicación.
La pregunta que nadie ha respondido todavía
¿De dónde sale ese dinero? El gobierno federal ha dicho que no habrá recortes a servicios esenciales, que el crecimiento económico y las eficiencias presupuestarias cubrirán el aumento. La oposición y varios economistas independientes no están convencidos. Con el mercado laboral debilitado y el déficit federal ya en números rojos, el margen de maniobra es estrecho.
Para los inmigrantes y sus familias, esto no es una discusión abstracta. Los programas de asentamiento, las transferencias para servicios de salud y las inversiones en vivienda asequible compiten todos por el mismo presupuesto federal. La discusión sobre cómo se financia el nuevo gasto militar no ha terminado; apenas comenzó, y el presupuesto de otoño será el primer examen real de las prioridades del gobierno.
Redacción de: Mauricio Navas Talero, LJI Reporter





