Finalizada la Copa Mundial de la FIFA 2026, una de las preguntas que continúa dividiendo opiniones en la Columbia Británica es si la millonaria inversión realizada para albergar siete partidos del torneo realmente generó beneficios suficientes para justificar su costo.
El evento convirtió a Vancouver en una de las principales zonas del fútbol durante varias semanas. Hoteles, restaurantes, bares y comercios registraron un incremento en la actividad económica, mientras miles de aficionados de distintos países recorrieron la ciudad. Además, la exposición mediática permitió mostrar los paisajes y atractivos turísticos de la región a una audiencia global.
Sin embargo, el costo de organizar el torneo sigue siendo uno de los principales puntos de controversia. El presupuesto provincial destinado a la Copa del Mundo aumentó de manera significativa respecto a las estimaciones iniciales y terminó situándose en alrededor de 729 millones de dólares canadienses, una cifra que ha generado críticas de sectores políticos, economistas y organizaciones comunitarias.
Quienes respaldan la inversión sostienen que el impacto del Mundial no puede medirse únicamente por los ingresos obtenidos durante las semanas del torneo. Argumentan que la promoción internacional de Vancouver como destino turístico, la experiencia adquirida en la organización de eventos de gran escala y las mejoras en infraestructura dejarán beneficios durante los próximos años. La ciudad ya había vivido una experiencia similar con los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010, cuyo legado continúa siendo valorado por distintos sectores.
Beneficios económicos frente a críticas sociales
Los detractores, en cambio, cuestionan que una parte importante de los ingresos generados por la Copa del Mundo haya quedado en manos de la FIFA, mientras que los gobiernos asumieron la mayor parte de los costos de organización, seguridad e infraestructura. También sostienen que esos recursos públicos pudieron destinarse a prioridades como vivienda, salud o transporte.
A ello se suman las críticas por el impacto social que tuvo el evento en algunos sectores de la ciudad. Organizaciones comunitarias denunciaron un aumento de los operativos de limpieza y del control policial en zonas con población sin hogar, especialmente en el Downtown Eastside, durante las semanas del campeonato. Aunque las autoridades municipales negaron que estas acciones estuvieran relacionadas con el Mundial, varios residentes afirmaron que las intervenciones fueron más frecuentes e intensas que en otras épocas del año.
Pese a las diferencias, existe consenso en que Vancouver logró organizar con éxito los siete partidos asignados y proyectó una imagen positiva ante millones de espectadores alrededor del mundo. No obstante, el verdadero legado económico y social del torneo probablemente solo podrá evaluarse con el paso de los años, cuando se conozca si el aumento del turismo, las inversiones y la proyección internacional compensan el elevado gasto asumido por los contribuyentes.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





