La mortalidad por enfermedad renal crónica aumenta más del 70% en Canadá desde 1990

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La tasa de mortalidad por enfermedad renal crónica (ERC) en Canadá ha crecido más del 70% desde 1990, incluso después de ajustar los datos por envejecimiento y crecimiento poblacional, según el Estudio de la Carga Mundial de Enfermedades. Este incremento supera ampliamente la tendencia global y ha encendido alertas entre especialistas, que piden un marco nacional para enfrentar lo que consideran una crisis silenciosa en deterioro.

El avance de la ERC refleja un problema complejo: aunque el país ha fortalecido el control de factores de riesgo como la hipertensión y la diabetes, los expertos advierten que el diagnóstico tardío y la insuficiente aplicación de tratamientos clave están contribuyendo a que las personas que ya viven con la enfermedad enfrenten peores resultados.

Los datos actuales indican que uno de cada diez canadienses —alrededor de 4,5 millones de personas— padece ERC, y las proyecciones estiman que la cifra superará los 6,2 millones para 2050. Debido a que la enfermedad suele progresar sin síntomas evidentes, muchos diagnósticos se producen cuando el daño renal ya es permanente, lo que limita la eficacia de las intervenciones y aumenta el riesgo de complicaciones graves.

A nivel mundial, la mortalidad por ERC ha aumentado en aproximadamente un 6% desde 1990, muy por debajo del crecimiento registrado en Canadá. La enfermedad es actualmente la novena causa principal de muerte en el mundo, influenciada por tendencias demográficas y por el incremento de patologías como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.

Determinados grupos presentan mayor vulnerabilidad, entre ellos comunidades indígenas, negras, asiáticas y del sur de Asia, lo que subraya la necesidad de estrategias que aborden inequidades persistentes en el acceso a la atención y en la detección temprana.

Llamado a una estrategia nacional

La Fundación Renal de Canadá ha reiterado la necesidad de un marco nacional de salud renal que refuerce la prevención, mejore la recopilación de datos, amplíe la capacidad de la atención primaria y promueva intervenciones tempranas. El acceso a pruebas básicas de sangre y orina se considera un punto crítico para la detección oportuna, especialmente en poblaciones de riesgo.

Las proyecciones indican que, sin medidas estructurales, la carga de la ERC en el sistema de salud canadiense continuará aumentando. Las organizaciones especializadas sostienen que un enfoque nacional permitiría reducir complicaciones, evitar progresiones hacia tratamientos como diálisis o trasplante, y disminuir la mortalidad asociada.

Redacción de: Karen Rodríguez A.