El cobre se ha convertido en un elemento clave para la electrificación global y la expansión de tecnologías limpias. Con los precios del metal en torno a los 5 dólares estadounidenses por libra y una creciente demanda impulsada por la energía renovable y los vehículos eléctricos, Canadá está reactivando su producción minera para recuperar los niveles alcanzados a inicios de los años 2000.
En 2024, la producción nacional aumentó un 6,2%, según Recursos Naturales de Canadá (NRCan), marcando el primer repunte en una década. Los principales proyectos que impulsan este crecimiento son la expansión de Highland Valley y Red Chris en Columbia Británica, que podrían elevar la producción nacional en un 15% antes de 2030. También se destacan los desarrollos de New Afton en Columbia Británica, McIlvenna Bay en Saskatchewan y nuevas operaciones en Quebec y el Yukón.
Incentivos fiscales y expansión de infraestructura
Para fortalecer el sector, el gobierno federal ha implementado un paquete de incentivos sin precedentes. Entre las medidas figura la reducción del umbral de pureza del Crédito Fiscal para la Inversión en Tecnologías Limpias del 90% al 50%, lo que permite incluir más minas polimetálicas, así como la incorporación de nuevos minerales estratégicos como el antimonio y el galio.
Además, se estableció un Fondo Soberano de Minerales Críticos por 2.000 millones de dólares y un Fondo de Primera y Última Milla de 371,8 millones destinado a mejorar la conectividad de proyectos en regiones remotas. La expansión de la Línea de Transmisión del Noroeste en Columbia Británica busca crear un “corredor del cobre” que refuerce la posición de Canadá como proveedor estratégico de minerales esenciales para la transición energética global.
Con estas medidas, Canadá espera consolidar su papel como líder mundial en el suministro de cobre y minerales críticos, sectores considerados fundamentales para alcanzar los objetivos de energía limpia y desarrollo sostenible en las próximas décadas.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





