El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que recomienda flexibilizar las regulaciones federales sobre la marihuana, una medida que podría profundizar el giro iniciado en los últimos años frente a décadas de políticas estrictas contra esta sustancia.
La orden instruye al fiscal general a avanzar con rapidez en la reclasificación de la marihuana dentro de la Ley de Sustancias Controladas. De concretarse, pasaría de la Lista I —reservada para drogas consideradas altamente peligrosas y sin uso médico aceptado— a la Lista III, donde se ubican sustancias con menor potencial de abuso y aplicaciones médicas reconocidas. Este cambio colocaría a la marihuana en una categoría similar a la de algunos analgésicos comunes, la ketamina o la testosterona.
La medida representa uno de los ajustes federales más relevantes en política de drogas en décadas y podría tener efectos significativos en la industria del cannabis, incluyendo mayores oportunidades de investigación científica y un acceso más amplio a servicios bancarios y financieros, actualmente limitados por la legislación federal.
Debate político y efectos regulatorios
La iniciativa fue recibida de manera dispar en el ámbito político. El líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, expresó su respaldo, mientras que un grupo de legisladores republicanos manifestó su oposición y pidió que la orden no sea implementada. Pese a ello, la marihuana seguirá siendo ilegal a nivel federal y sujeta a un mosaico de leyes estatales y locales, incluso si se concreta la reclasificación.
La Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos deberá evaluar formalmente la recomendación y decidir si procede con el cambio de categoría. Aunque el texto completo de la orden no ha sido publicado, funcionarios federales han señalado que uno de los principales objetivos es ampliar la investigación médica sobre la marihuana y sus derivados, con el fin de comprender mejor sus riesgos y posibles beneficios terapéuticos.
En paralelo, los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid planean permitir que algunos beneficiarios utilicen productos de CBD derivados del cáñamo, lo que refleja un enfoque más flexible en ciertos ámbitos de la política sanitaria.
La marihuana es la droga ilícita más consumida en Estados Unidos y en el mundo. En el país, cerca de uno de cada cinco adultos declara haberla consumido en el último año, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. A lo largo de las últimas décadas, millones de personas han sido arrestadas por posesión, mientras que, al mismo tiempo, ha crecido una industria legal del cannabis en numerosos estados.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





