Las esperanzas de alcanzar un tratado global ambicioso y legalmente vinculante para frenar la contaminación plástica se están desvaneciendo, mientras los delegados se reúnen esta semana en las Naciones Unidas en Ginebra para la que se esperaba fuera la ronda final de negociaciones.
El acuerdo, considerado por muchos como la “última gran oportunidad” para abordar una de las crisis ambientales más urgentes, enfrenta fuertes obstáculos por la presión de países productores de petroquímicos (como Arabia Saudita y Rusia) y por la postura de la administración estadounidense de Donald Trump, que ha mostrado reticencia a respaldar límites estrictos a la producción de plástico.
Según la Organización de Cooperación y el Desarrollo Económico, de no tomarse medidas, la producción de plásticos podría triplicarse hacia 2060, lo que agravaría el cambio climático, saturaría los océanos y dañaría gravemente la salud humana. Sin embargo, las divisiones entre las naciones han dificultado el avance hacia un texto consensuado, tras el estancamiento de la última reunión del Comité Intergubernamental de Negociación (INC-5) en Corea del Sur.
Estados insulares vulnerables piden medidas ambiciosas y financiamiento
Las naciones más afectadas, entre ellas los pequeños Estados insulares, han reiterado la urgencia de adoptar un tratado robusto que limite la producción de plásticos desde su origen y ofrezca financiamiento internacional para abordar la contaminación ya existente. “Esta es realmente nuestra última gran oportunidad”, advirtió Ilana Seid, representante permanente de Palau y presidenta de la Alianza de los Pequeños Estados Insulares (AOSIS).
La reunión en Ginebra congrega a más de 1.000 delegados, incluidos científicos, diplomáticos, activistas y lobbystas de la industria petroquímica. La presencia e influencia de estos últimos ha despertado preocupación entre quienes temen que el resultado final sea un acuerdo diluido, centrado únicamente en la gestión de residuos y no en la reducción de la producción.
Estados Unidos, bajo la administración Trump, ha manifestado su intención de apoyar un tratado que no imponga restricciones “onerosas” a los productores. Fuentes cercanas a las negociaciones aseguran que Washington busca limitar el alcance del tratado a temas posteriores como el reciclaje y el diseño de productos, evitando abordar la causa estructural del problema: la producción masiva de plásticos derivados del petróleo.
A esto se suma el impulso de legisladores republicanos en EE. UU. para enfocarse en tecnologías de reciclaje, mientras que senadores demócratas insisten en establecer límites claros a la producción de plástico. Para que EE. UU. ratifique cualquier tratado, se requerirá el respaldo de dos tercios del Senado, lo que añade complejidad al proceso.
Frente al riesgo de un acuerdo débil, algunos países evalúan impulsar mecanismos alternativos, como una votación o un pacto paralelo entre naciones comprometidas. Sin embargo, líderes de la ONU insisten en alcanzar un consenso inclusivo. “No estamos aquí para conseguir algo sin sentido… lo que queremos es algo que sea efectivo, que tenga a todos dentro y, por lo tanto, a todos comprometidos”, concluyó Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





