La capa de ozono, que protege a la Tierra de la radiación ultravioleta nociva, muestra signos claros de recuperación y podría regresar a los niveles previos a su deterioro en las próximas décadas, según un nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). El documento, publicado con motivo del Día Mundial del Ozono, destaca que el agujero de ozono sobre la Antártida fue menor en 2024 que en años anteriores, lo que constituye un avance relevante en materia de salud ambiental y protección climática.
El boletín de la OMM señala que la tendencia positiva responde a la acción internacional emprendida desde hace casi cuatro décadas a través de acuerdos como el Protocolo de Montreal, firmado en 1987, que buscó la eliminación progresiva de las sustancias responsables del agotamiento de la capa de ozono. Estos compuestos, presentes principalmente en sistemas de refrigeración, aire acondicionado y aerosoles, han sido reducidos en más del 99% de su producción y consumo a nivel global.
La aplicación sostenida de estas medidas ha permitido que la capa de ozono se encamine hacia una recuperación significativa. Los estudios científicos estiman que, de mantenerse las políticas actuales, la recuperación completa podría alcanzarse hacia 2066 en la Antártida, en 2045 en el Ártico y alrededor de 2040 en el resto del planeta.
Durante 2024, el agujero de ozono que se forma sobre la Antártida en la primavera austral presentó un déficit máximo de masa de ozono de 46,1 millones de toneladas, cifra inferior al promedio registrado entre 1990 y 2020. El informe resalta que el fenómeno tuvo un inicio tardío y una fase de recuperación más rápida de lo habitual, interpretado como un indicio de recuperación estructural de la capa. Este comportamiento se debió en parte a factores atmosféricos naturales que explican variaciones anuales, aunque la OMM aclara que la tendencia de largo plazo confirma los efectos positivos de la regulación internacional.
Implicaciones para la salud y el medio ambiente
La recuperación de la capa de ozono tendrá un impacto directo en la reducción de enfermedades vinculadas a la exposición a los rayos ultravioleta, como cáncer de piel y cataratas, además de proteger ecosistemas sensibles. La estabilización de este escudo natural también contribuye indirectamente a mitigar el cambio climático, ya que varias de las sustancias eliminadas poseen un elevado potencial de calentamiento global.
El informe de la OMM coincide con la conmemoración del 40 aniversario de la Convención de Viena, que en 1975 reconoció por primera vez el agotamiento del ozono estratosférico como un problema mundial. Desde entonces, el esfuerzo conjunto de los Estados ha sido señalado como uno de los casos más exitosos de cooperación ambiental internacional, con resultados tangibles en la protección de la salud y del equilibrio climático.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





