Las Cataratas del Niágara atraviesan uno de sus inviernos más fotogénicos de los últimos años. Tras varias semanas de temperaturas extremas bajo cero, el paisaje se ha transformado en un escenario de hielo con enormes montículos congelados en la base de las Cataratas Americanas y formaciones cristalinas alrededor de los miradores.
Este fenómeno no ocurre todos los años y, de acuerdo con los registros recientes, se trata de la mayor acumulación de hielo observada en la zona desde 2015. El responsable principal ha sido un invierno inusualmente frío, reforzado por la presencia de un vórtice polar que ha mantenido temperaturas muy por debajo del punto de congelación durante un periodo prolongado.
Un espectáculo helado que no detiene a las cataratas
Aunque el entorno luce congelado, las cataratas no se detienen por completo. Durante el invierno, millones de litros de agua continúan fluyendo cada minuto por el sistema del Niágara, una cantidad suficiente para impedir que el salto de agua se congele en su totalidad. El congelamiento total es un evento extremadamente raro: el último registro histórico ocurrió en 1848, cuando un atasco de hielo detuvo el flujo durante más de 30 horas.
El intenso frío ha permitido la formación de grandes bloques y capas de hielo en la base de las caídas, así como la aparición de un puente de hielo temporal en la parte inferior del río. Estas estructuras naturales pueden mantenerse visibles durante semanas o incluso meses, aun cuando las temperaturas comiencen a subir ligeramente.
El fenómeno coincide con una temporada de alto interés turístico invernal, ya que el paisaje helado ofrece una versión poco común de las cataratas, muy distinta a la imagen clásica del verano. Con la cercanía de días festivos, el espectáculo natural del Niágara se perfila como uno de los escenarios más llamativos del invierno en la región.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





