Estudio propone regular alimentos ultraprocesados como el tabaco por sus riesgos para la salud

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Los alimentos ultraprocesados, como bebidas azucaradas, dulces y comida rápida, están diseñados para fomentar el consumo repetido y generar antojos, por lo que deberían ser regulados de forma similar a los cigarrillos, según un nuevo estudio publicado en la revista científica The Milbank Quarterly.

La investigación analizó la forma en la que el diseño, la comercialización y la distribución de estos productos replican estrategias utilizadas históricamente por la industria tabacalera. Los autores advierten que muchos alimentos ultraprocesados están fuertemente asociados con enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y obesidad, lo que representa un riesgo para la salud pública.

Productos diseñados para el consumo compulsivo

El estudio sostiene que numerosos alimentos ultraprocesados pueden considerarse adictivos, ya que están formulados deliberadamente para maximizar el placer y el consumo rápido. Para lograrlo, suelen combinar altas concentraciones de azúcar y grasas con aditivos que aceleran la digestión o reducen la sensación de saciedad, eliminando elementos naturales como la fibra, las proteínas y el agua. 

Este diseño puede provocar picos rápidos de glucosa en sangre seguidos de caídas bruscas, un patrón fisiológico que, según los investigadores, guarda similitudes con los mecanismos de abstinencia observados en el consumo de nicotina. Además, el uso de ingredientes que intensifican el sabor, aroma y textura contribuye a reforzar el deseo de seguir consumiendo estos productos.

El estudio también advierte sobre el uso de etiquetas que pueden inducir a errores, como afirmaciones de “bajo en grasa” o “sin azúcar”, que pueden ocultar otros efectos nocivos, de forma similar a cómo los cigarrillos “light” minimizaron durante años los riesgos reales del tabaco.

Ante este panorama, los autores concluyen que muchos alimentos ultraprocesados comparten más características con los productos de tabaco que con los alimentos frescos o mínimamente procesados. Por ello, proponen medidas regulatorias más estrictas, como un etiquetado más claro, restricciones a la publicidad dirigida a niños, impuestos adicionales a productos con bajo valor nutricional y limitaciones a su disponibilidad en espacios como escuelas y hospitales.

La investigación plantea que, al igual que ocurrió con el tabaco, las acciones voluntarias de la industria no serían suficientes y que una regulación más firme, acompañada de políticas que promuevan el consumo de alimentos naturales, podría ser clave para enfrentar la actual crisis de salud pública vinculada a la alimentación.

Redacción de: Karen Rodríguez A.