En los últimos años, una serie de estudios científicos generó alarma al afirmar que se han encontrado microplásticos en distintas partes del cuerpo humano, como la sangre, los órganos e incluso el cerebro. Sin embargo, investigaciones recientes han puesto en duda algunos de estos hallazgos, señalando posibles errores metodológicos y riesgos de contaminación durante los análisis de laboratorio.
Varios científicos han advertido que algunos estudios no logran descartar de forma concluyente que los fragmentos de plástico detectados provengan del entorno del laboratorio, de los reactivos utilizados o incluso del aire. Otros señalan que ciertas técnicas analíticas podrían estar confundiendo componentes del tejido humano, como la grasa, con polímeros plásticos.
Ante este escenario de debate científico, un grupo de 30 investigadores de 20 instituciones de todo el mundo presentó esta semana una propuesta para establecer un nuevo marco de evaluación de la evidencia sobre microplásticos en el cuerpo humano. El objetivo es ofrecer criterios más claros y consistentes para determinar cuánta certeza existe realmente cuando se afirma haber detectado estas partículas.
Un marco inspirado en la ciencia forense
La propuesta, publicada en la revista Environment & Health, se inspira en los métodos utilizados por la ciencia forense para evaluar pruebas encontradas en escenas del crimen. El nuevo enfoque busca que los investigadores comuniquen de manera transparente el nivel de confianza de sus hallazgos y reduzcan el riesgo de falsos positivos.
El marco recomienda el uso de técnicas analíticas para confirmar la presencia de microplásticos y nanoplásticos, así como la aplicación estricta de controles de calidad. También plantea la necesidad de que los estudios publiquen los datos sin procesar y detallen claramente sus procedimientos experimentales.
Aunque existe consenso en que los microplásticos están presentes en prácticamente todo el entorno y que es muy probable que las personas los ingieran a través del aire y los alimentos, la evidencia actual no es suficiente para determinar con claridad su impacto en la salud humana.
Uno de los puntos más controvertidos ha sido la detección de microplásticos en el cerebro. Algunos estudios recientes afirmaron haber encontrado partículas relativamente grandes en cerebros de personas fallecidas, lo que generó escepticismo entre expertos debido a la dificultad de que estas partículas atraviesen la barrera hematoencefálica. Además, se ha señalado que técnicas como la pirólisis-GC-MS podrían confundir lípidos del tejido cerebral con plásticos como el polietileno.
El debate también ha puesto en evidencia las limitaciones de un campo científico aún joven y en rápida expansión. Para muchos investigadores, las críticas y revisiones forman parte natural del método científico y son necesarias para fortalecer la calidad de la evidencia.
Los autores del nuevo marco subrayan que mejorar la precisión en la detección y cuantificación de microplásticos es clave para responder a la pregunta central que aún permanece abierta: cuántos microplásticos hay realmente en el cuerpo humano y si representan un riesgo significativo para la salud. Mientras esa incertidumbre persista, la comunidad científica continúa afinando herramientas y métodos para ofrecer respuestas más fiables.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





