La risa como herramienta de bienestar gana respaldo científico

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La risa, además de una expresión emocional, se consolida como una práctica con efectos positivos comprobados en la salud física y mental. Investigaciones médicas y psicológicas muestran que reír de manera regular, incluso de forma inducida, puede contribuir a reducir el estrés, mejorar la salud cardiovascular, fortalecer el sistema inmunitario y aliviar el dolor.

En los últimos años, han ganado visibilidad prácticas como el yoga de la risa y variantes contemporáneas como Laughasté, una rutina que combina respiración, estiramientos suaves, movimientos corporales y risa provocada. Estas técnicas tienen su origen en los clubes de la risa surgidos en la India en la década de 1990, que partían de la premisa de que el cuerpo obtiene beneficios similares tanto de la risa espontánea como de la simulada.

Evidencia científica sobre los beneficios de la risa

El estudio moderno de la risa, conocido como gelotología, comenzó a desarrollarse a partir de la década de 1960. Investigaciones pioneras demostraron que la risa incrementa la actividad de células relacionadas con el sistema inmunitario. Estudios posteriores identificaron efectos cardiovasculares positivos, como la dilatación de los vasos sanguíneos, la reducción de la presión arterial y la disminución de procesos inflamatorios.

La risa también estimula la liberación de endorfinas, sustancias asociadas al bienestar y al alivio del dolor. Este efecto fisiológico explica por qué, tras episodios de risa intensa, las personas suelen experimentar relajación y mejora del estado de ánimo.

Meta-análisis recientes, que revisan decenas de estudios clínicos, indican que las terapias basadas en la risa pueden reducir los niveles de cortisol, conocida como la hormona del estrés, disminuir la glucosa en sangre, aliviar el dolor crónico y mejorar la movilidad, especialmente en personas mayores. Asimismo, se han observado beneficios en pacientes con depresión y enfermedades crónicas, incluso cuando la risa no surge de manera espontánea.

Debido a que el humor es subjetivo y difícil de medir, gran parte de la investigación actual se centra en programas estructurados que inducen la risa durante sesiones de entre 30 y 45 minutos. En estos casos, los mecanismos fisiológicos activados, como la respiración profunda, movimiento muscular y oxigenación, son similares a los de la risa natural.

Incorporar la risa como hábito cotidiano, mediante ejercicios simples y accesibles, se perfila así como una estrategia complementaria para el cuidado de la salud, con potencial de ser aplicada tanto a nivel preventivo como terapéutico..

Redacción de: Karen Rodríguez A.