Hay médicos que faltan y pacientes que esperan: vacíos en la salud que llevan años gestándose

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Encontrar médico de cabecera en Canadá se ha convertido, para millones de personas, en una búsqueda que puede durar meses, a veces años. El problema no es nuevo, pero los datos más recientes muestran que lejos de mejorar, la situación sigue profundizándose. Hay demasiados pacientes y demasiado pocos profesionales de la salud, y la brecha entre esas dos realidades no para de crecer.

Un sistema que no alcanza para todos

Las cifras que manejan las asociaciones médicas canadienses son difíciles de ignorar: el país necesitaría decenas de miles de médicos de familia adicionales para cubrir la demanda actual. En el caso de las enfermeras, la situación es igual de seria, con decenas de miles de vacantes abiertas en hospitales y centros de atención de todo el país. Y la proyección para los próximos años no mejora.

Lo que hace especialmente complejo este problema es que no se trata solo de números. Detrás de cada plaza vacante hay un paciente que no recibe atención a tiempo, hay un turno de guardia que otra enfermera absorbe, aunque ya estaba al límite, hay un médico que cubre el trabajo de dos porque no hay quién más. La Federación Canadiense de Sindicatos de Enfermeras reportó que la gran mayoría de las enfermeras del país experimentan síntomas de agotamiento crónico. Ese agotamiento lleva a renuncias, que generan más vacantes, en un ciclo que el sistema lleva años sin poder romper.

Por qué faltan profesionales

El problema tiene varias raíces y ninguna solución rápida. Por un lado, el sistema universitario canadiense no ha podido aumentar el ritmo de formación de médicos y enfermeras al mismo ritmo en que crece la población. Por otro, el envejecimiento del país empuja la demanda hacia arriba de manera constante: más personas mayores significa más enfermedades crónicas, más visitas al médico, más hospitalizaciones. Y a todo eso se suma el retiro masivo de una generación de profesionales que llegó al sistema en los años ochenta y noventa y que hoy está llegando a la edad de jubilación.

Para los inmigrantes, este contexto tiene una capa adicional de dificultad. Muchas personas llegan a Canadá con formación médica o en enfermería ganada en sus países de origen, pero los procesos de revalidación de títulos son largos, costosos y, en algunos casos, diseñados de una manera que hace casi imposible que un profesional formado en el exterior pueda ejercer aquí en un tiempo razonable. Así, el país tiene a la vez una escasez de profesionales de la salud y un grupo de inmigrantes calificados que no puede incorporarse al sistema.

Qué está haciendo el gobierno

En diciembre pasado, el gobierno federal anunció una nueva categoría dentro del programa Express Entry pensada específicamente para profesionales de la salud. Con ese mecanismo, las provincias pueden nominar a médicos y enfermeras formados en el exterior y obtener para ellos un permiso de trabajo en un plazo de aproximadamente dos semanas. Es un avance real. Pero los expertos señalan que el volumen de casos que puede entrar por esa vía es pequeño frente al tamaño del problema.

La mayoría de las provincias también ha lanzado iniciativas propias: bonificaciones para quienes acepten trabajar en zonas rurales o remotas, nuevos modelos de atención donde el médico comparte pacientes con enfermeras practicantes, y programas de retención para frenar las renuncias. Algunos resultados son prometedores, pero el cambio es lento.

El sistema de salud en Canadá funciona, pero está bajo una presión real y creciente. Quienes buscan médico de cabecera y no encuentran pueden consultar en el sitio de salud de su provincia las clínicas sin cita previa, los programas de acceso a enfermeras practicantes y las líneas de orientación telefónica disponibles las veinticuatro horas.

Redacción de: Mauricio Navas Talero, LJI Reporter

 

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