Hay un momento en abril en que Toronto hace una de sus transformaciones más dramáticas del año. Después de meses de gris, de frío, de abrigos que no se sacan, los árboles de cerezo de High Park estallan en una nube rosada que dura apenas unos días. Es efímera, es masiva, y para quienes llegaron a Canadá en otoño o invierno, es muchas veces el primer encuentro real con la primavera canadiense.
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Los cerezos de High Park: un ritual colectivo
High Park, en el oeste de Toronto, alberga una de las concentraciones más grandes de cerezos Somei Yoshino fuera de Japón. Los árboles fueron donados por el gobierno japonés a principios del siglo XX como símbolo de amistad, y cada primavera su floración, el hanami, como se llama la tradición de contemplar los cerezos en flor convoca a decenas de miles de personas de todas las comunidades de la ciudad.
Esta semana, según el seguimiento que hace la ciudad de Toronto, los cerezos están en su punto máximo o muy cerca de él. La temporada de floración completa suele durar entre una y dos semanas, dependiendo de la temperatura. La entrada al parque es gratuita, aunque los fines de semana el acceso vehicular está restringido para proteger los árboles.
Más allá de Toronto: la primavera en otras ciudades
Vancouver tiene su propia tradición de cerezos en flor, que en muchos barrios como Kerrisdale y Queen Elizabeth Park llega incluso antes que en Toronto. El Cherry Blossom Festival de Vancouver, que concluyó el 17 de abril, reunió este año a miles de visitantes en sus caminatas guiadas y actividades culturales gratuitas.
En Montreal, la primavera trae la reapertura del Jardín Botánico, uno de los más grandes del mundo, y la vida vuelve a las terrazas de los cafés del Plateau y del Mile End. En Calgary y Edmonton, la llegada del calor es más tardía, pero cuando llega transforma por completo el ritmo de la ciudad.
Por qué la primavera importa más de lo que parece
Para muchas familias que pasaron su primer invierno en Canadá, con el frío, la oscuridad temprana, el aislamiento que a veces trae la nieve, la primavera no es solo un cambio de estación. Es una confirmación de que se puede. De que el país tiene otra cara, más amable, más parecida a lo que se imaginaban cuando tomaron la decisión de venir.
Los parques, las terrazas, los mercados al aire libre que empiezan a abrir estos días son también espacios de encuentro comunitario. El High Park de los domingos en abril es un mosaico de lenguas, familias con carriolas, jóvenes con termos de café y abuelas que sacan la silla plegable. Es, en su propio modo desordenado, una de las mejores imágenes de lo que es esta ciudad.
Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter





