La decisión de la multinacional Diageo de cerrar su planta embotelladora de whisky Crown Royal en Amherstburg, Ontario, ha generado una fuerte reacción política y comunitaria, que incluye llamados a retirar la marca de los estantes de la LCBO, la corporación estatal de licores de la provincia.
La medida, anunciada la semana pasada, implica el traslado de las operaciones de embotellado a Estados Unidos y dejará sin empleo a más de 200 trabajadores canadienses a partir de febrero. El anuncio no solo provocó descontento entre sindicatos y comunidades locales, sino también respuestas enérgicas de líderes provinciales. El primer ministro Doug Ford se mostró en contra de la decisión de la empresa en una intervención pública en la que incluso arrojó al piso el contenido de una botella de Crown Royal como gesto de protesta.
Debate sobre el impacto económico y político de un boicot
Expertos en política alimentaria y comercial advierten que un boicot liderado desde el gobierno podría tener consecuencias negativas. Sylvain Charlebois, investigador visitante en política y distribución de alimentos en la Universidad McGill, subrayó que un retiro forzado del producto podría afectar la competencia en el mercado, elevar los costos para los consumidores e incluso abrir la puerta a posibles acciones legales contra la provincia.
“Ver a un gobierno desalentando la compra de un producto es realmente peligroso”, señaló Charlebois, quien recordó además que Ontario ya no comercializa bebidas alcohólicas de Estados Unidos tras las medidas adoptadas en la primavera contra los aranceles impuestos por el expresidente Donald Trump.
Así mismo, Charlebois sostuvo que la iniciativa sería vista como una extralimitación gubernamental más que como una defensa de los trabajadores. Recordó que los boicots más exitosos han surgido de la iniciativa ciudadana, como el caso de la planta de Heinz en Leamington, donde la presión de los consumidores jugó un papel decisivo.
Por su parte, Ford indicó que estudiará la posibilidad de retirar Crown Royal de la LCBO, pero precisó que cualquier decisión se aplicaría recién en febrero, cuando el cierre de la planta en Amherstburg entre en vigor.
Diageo, por su parte, mantiene operaciones de destilación en Manitoba y Quebec, lo que, según analistas, complica aún más la viabilidad de un boicot, dado que la marca sigue teniendo un arraigo significativo en Canadá.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





