¿Podrían los canadienses adaptarse a una semana laboral de 32 horas?

La propuesta de reducir la semana laboral a 32 horas vuelve a generar debate en Norteamérica. En Estados Unidos, legisladores han presentado nuevamente un proyecto que busca reducir de 40 a 32 horas el umbral semanal a partir del cual se paga tiempo extra, mientras que en Canadá especialistas analizan si un modelo similar sería viable. El proyecto estadounidense, impulsado por el senador Bernie Sanders y el representante Mark Takano, contempla que los trabajadores cubiertos mantengan su salario y beneficios, mientras que las horas trabajadas por encima de 32 recibirían pago de horas extra. La medida sería implementada gradualmente durante cuatro años.
La discusión también está vinculada con el avance de la inteligencia artificial. Sus impulsores sostienen que el aumento de productividad generado por nuevas tecnologías debería traducirse, al menos parcialmente, en una reducción del tiempo dedicado al trabajo y no únicamente en mayores beneficios para las empresas.
El reto para Canadá sería mantener los ingresos
En Canadá, la principal dificultad estaría en cómo reducir las horas sin provocar una disminución de los ingresos de los trabajadores. La profesora asociada de la Universidad de Guelph Nita Chhinzer señala que una jornada más corta podría funcionar de manera diferente dependiendo de si una persona recibe un salario fijo o cobra por hora.
Para los trabajadores por hora, pasar de 40 a 32 horas podría significar una reducción considerable de los ingresos semanales si no existe una compensación adicional. Esto resulta especialmente relevante en un contexto de elevado costo de vida, donde muchas familias tienen poco margen para aceptar una disminución salarial. Otra alternativa es la llamada semana laboral comprimida: trabajar cuatro días en lugar de cinco, pero mantener jornadas de 10 horas. Este modelo ya se utiliza en algunos sectores y no implica necesariamente reducir las horas trabajadas.
Los defensores de una semana más corta también plantean que el debate debería centrarse en la productividad y los resultados, y no exclusivamente en la cantidad de horas que una persona permanece trabajando. Para que el modelo funcione, las empresas tendrían que revisar reuniones, cargas de trabajo y procesos, además de aprovechar herramientas como la inteligencia artificial para mejorar la eficiencia.
La experiencia internacional muestra que las pruebas de semanas laborales más cortas han encontrado beneficios en aspectos como el agotamiento, la satisfacción laboral y el bienestar. Sin embargo, trasladar esos resultados de programas voluntarios a una norma general implicaría desafíos diferentes según el sector y el tipo de empleo.
En Canadá, por ahora, la discusión sigue siendo principalmente sobre cómo podría funcionar un cambio de este tipo y quién asumiría sus costos. La pregunta central no es solamente si es posible trabajar menos horas, sino si las empresas pueden mantener la productividad y los trabajadores sus ingresos al mismo tiempo.
Redacción de: Karen Rodríguez A.




