Los medicamentos que consumen millones de canadienses cada día, desde antibióticos hasta tratamientos para la presión arterial, se fabrican en una compleja red global. Pero nuevos datos revelan que la supervisión de estos productos depende, en gran medida, de agencias extranjeras.
Según información de Health Canada, el 85% de las inspecciones de los sitios de fabricación que abastecen al mercado canadiense fueron realizadas por organismos reguladores internacionales, no por inspectores canadienses. De esas inspecciones, el 70% provinieron de Estados Unidos, país que todavía no ha recuperado los niveles de supervisión previos a la pandemia.
Durante la pandemia, las inspecciones internacionales se suspendieron casi por completo. Y aunque se han reanudado, aún no compensan el año perdido. En 2024, Canadá dependió de más de 5.000 sitios de fabricación en el extranjero, según datos de Health Canada. Sin embargo, el organismo solo realizó 47 inspecciones internacionales, frente a las más de 2.000 conducidas por socios regulatorios.
El panorama es particularmente preocupante en Estados Unidos. La Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO) señaló nuevamente en 2024 que la FDA tiene una supervisión “de alto riesgo” sobre la cadena farmacéutica global. En paralelo, informes revelan que casi 2.000 plantas farmacéuticas tienen inspecciones pendientes.
Historial de fallas pone en evidencia los riesgos
Diversos incidentes han demostrado que los errores en la supervisión pueden tener consecuencias fatales. En 2023, gotas oftálmicas producidas en India fueron retiradas tras causar infecciones resistentes a antibióticos que dejaron tres muertos y ocho personas ciegas en Estados Unidos.
En 2007, más de 100 personas murieron tras consumir un anticoagulante contaminado fabricado en China. Y en Canadá, el retiro de valsartán en 2018, por contener impurezas potencialmente cancerígenas, obligó a cambiar la receta de 200.000 pacientes en un solo mes.
El panorama se complica aún más por las presiones del mercado. Los medicamentos genéricos, que representan el 75% de las recetas canadienses, compiten en una carrera por ofrecer el menor precio posible. Esto puede generar incentivos para reducir costos en controles de calidad.
Aunque Health Canada insiste en que está preparada para los desafíos del futuro y afirma que monitorea tendencias globales y tecnológicas para adaptar su regulación, las dudas persisten.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





