Estados Unidos informó que iniciará en las próximas semanas los primeros pagos de los miles de millones de dólares que adeuda a las Naciones Unidas, en un contexto de crisis financiera dentro del organismo multilateral y de crecientes presiones de Washington para impulsar reformas estructurales.
La ONU atraviesa problemas presupuestarios crónicos debido al retraso en el pago de cuotas obligatorias por parte de varios Estados miembros. Esta situación ha obligado al organismo a congelar contrataciones, reducir programas y aplicar recortes operativos. A finales del mes pasado, el secretario general António Guterres advirtió que la falta de recursos ha colocado a la organización al borde de una crisis financiera.
Estados Unidos acumula más de 2.000 millones de dólares en cuotas impagas correspondientes al presupuesto ordinario de la ONU, además de una deuda similar vinculada al presupuesto para las operaciones de mantenimiento de la paz. En los últimos meses, la administración estadounidense ha reducido o retrasado aportes a diversas agencias del sistema de Naciones Unidas, lo que ha profundizado la presión financiera sobre el organismo.
Reforma y recortes en la agenda de Estados Unidos
El anuncio de los pagos se produce mientras Washington mantiene una postura firme en favor de reformas profundas dentro de la ONU. Estados Unidos ha planteado la necesidad de aumentar la eficiencia operativa, reducir costos administrativos y revisar el funcionamiento de distintas agencias, bajo el argumento de que el organismo debe “hacer más con menos”.
Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Estados Unidos se ha retirado de varias agencias de la ONU y ha condicionado parte de su apoyo financiero a cambios en la gobernanza y en la gestión de recursos. Estas decisiones han generado preocupación entre gobiernos y analistas sobre el impacto en el multilateralismo y en la capacidad de respuesta del sistema internacional ante crisis humanitarias, sanitarias y de seguridad.
En paralelo, Washington ha impulsado iniciativas propias en materia de seguridad y diplomacia que algunos sectores interpretan como alternativas a los mecanismos multilaterales tradicionales. Sin embargo, Estados Unidos sostiene que estas iniciativas no buscan reemplazar a la ONU, sino complementar su labor.
El debate sobre la reforma también se ha extendido a la estructura operativa del organismo, incluida la localización de oficinas en ciudades de alto costo y la necesidad de modernizar el funcionamiento administrativo en un entorno cada vez más digital. Mientras tanto, la ONU permanece a la espera de conocer el monto y el calendario concreto de los pagos estadounidenses, clave para aliviar de forma inmediata la presión sobre sus finanzas.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





