Ottawa le advierte al dueño de Stelco que puede perder sus activos

Mélanie Joly, ministra de Industria, dijo este miércoles que el gobierno federal no descarta obligar a Cleveland-Cliffs a vender lo que tiene en Canadá, ni multarla, si sigue adelante con los despidos en Hamilton. Son las dos medidas más duras que Ottawa ha puesto por escrito desde que empezó el conflicto.

¿Qué dijo exactamente la ministra?

Joly usó una frase que no deja mucho margen: todo está sobre la mesa. Y al explicar qué significa ese todo, mencionó dos cosas concretas, la desinversión forzada de los activos canadienses de la empresa y las sanciones económicas.

También cerró la puerta al argumento que la compañía viene usando desde septiembre. Una decisión de negocio, o incluso un cambio en las condiciones del mercado, no sirve para no cumplir el compromiso, dijo. Es la respuesta directa a Cleveland-Cliffs, que atribuye los recortes a los aranceles estadounidenses y al bajo precio del acero.

Aun así dejó una salida abierta. Dijo que siempre está dispuesta a sentarse con la empresa a buscar una solución, aunque el gobierno esté mirando todas las opciones para conservar los empleos.

De dónde sale la obligación

Todo se remonta a 2024, cuando la estadounidense Cleveland-Cliffs compró Stelco y la operación tuvo que pasar por la Ley de Inversiones de Canadá.

Ese es el mecanismo con el que Ottawa autoriza o frena la venta de una empresa canadiense a manos extranjeras, y la autorización casi nunca es incondicional. En este caso la compañía se comprometió a mantener el número de puestos sindicalizados y la mayoría de los no sindicalizados, un paquete que el gobierno ha cifrado en más de 1.500 empleos.

La empresa sostiene que nada de eso le prohíbe despedir. En una carta enviada a Joly dijo que no cree que los despidos incumplan ningún compromiso asumido en 2024.

Lo que dice el sindicato

Ron Wells, presidente del local 1005 del sindicato United Steelworkers, lo describió como una crisis fabricada por Cleveland-Cliffs para presionar al gobierno canadiense a conseguir un acuerdo comercial.

Wells dijo que el sindicato recibe bien la acción del gobierno, pero que tampoco se hace ilusiones con los tiempos, porque un proceso judicial de este tipo puede tomar meses o años. Y sus afiliados, dijo, lo que quieren ahora es volver a trabajar.

Mientras tanto Stelco sigue parando el molino en frío y los departamentos de recubrimiento en su planta de Hamilton, y ya emitió más avisos de despido. El mes pasado había anunciado recortes de hasta 500 puestos.

Andrea Horwath, alcaldesa de Hamilton y candidata a la reelección, dijo que los trabajadores del acero de su ciudad se están convirtiendo en las víctimas de esta guerra arancelaria.

Qué se está decidiendo acá

Lo que está en juego va mucho más allá de una planta de Hamilton, porque el gobierno federal está diciendo en voz alta que puede obligar a una multinacional a deshacerse de lo que compró en Canadá.

Cada vez que una empresa extranjera adquiere una fábrica canadiense, Ottawa le impone condiciones laborales y las presenta como garantía para los trabajadores. Lo que se va a ver en los próximos meses es si esa garantía se puede ejecutar de verdad o si queda en una declaración de intenciones cuando el mercado se complica.

Para el trabajador inmigrante la cuestión no es abstracta, porque hablamos del tipo de empleo industrial, estable y bien pagado al que mucha gente llega después de años de agencia, turnos partidos y contratos por horas. Si resulta que el compromiso que protege esos puestos no puede hacerse cumplir, conviene saberlo antes de planear una carrera en torno a ese tipo de trabajo.

Redacción de Mauricio Navas Talero LJI Reporter

Comparte este artículo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *