Los días más cortos y las tardes oscuras pueden aumentar el riesgo de depresión estacional

Con la llegada del invierno y la disminución de las horas de luz natural, millones de personas pueden experimentar cambios en su estado de ánimo y bienestar emocional. En algunos casos, estas alteraciones corresponden al trastorno afectivo estacional (TAE), una forma de depresión que suele aparecer durante el otoño y el invierno y mejorar cuando regresan los días más largos de primavera y verano.
El cambio de horario también puede influir en estos síntomas. El retraso de los relojes al finalizar el horario de verano hace que anochezca más temprano, reduciendo la exposición a la luz natural durante las tardes. Esta modificación puede afectar los ritmos biológicos que regulan el sueño, la energía y el estado de ánimo.
Aunque los investigadores todavía no han identificado una única causa del trastorno, los estudios apuntan a la relación entre la exposición a la luz, la actividad cerebral y la regulación de sustancias como la serotonina y la melatonina. Algunas investigaciones también sugieren que las personas con TAE pueden presentar una menor sensibilidad a determinadas longitudes de onda de la luz, lo que podría contribuir a los cambios en el estado de ánimo durante los meses de invierno.
Entre los síntomas se encuentran la tristeza persistente, el cansancio, la dificultad para concentrarse, los cambios en el apetito y el sueño, la pérdida de interés en actividades habituales y el aislamiento social. Para establecer un diagnóstico, los profesionales de salud evalúan la duración de los síntomas y su repetición en determinadas épocas del año.
Terapia de luz y apoyo psicológico entre las principales alternativas
Una de las intervenciones utilizadas para tratar el trastorno afectivo estacional es la fototerapia, que consiste en exponerse diariamente a una lámpara especial de luz brillante. La evidencia respalda el uso de dispositivos con una intensidad aproximada de 10.000 lux durante unos 30 minutos por la mañana.
Estos equipos buscan compensar parcialmente la reducción de luz natural durante el invierno y ayudar a regular los ciclos de sueño y vigilia. Sin embargo, no todos los productos comercializados para este propósito tienen la intensidad adecuada. Las personas con determinadas enfermedades oculares o que utilizan medicamentos que aumentan la sensibilidad a la luz deben consultar con un profesional antes de iniciar este tratamiento.
La psicoterapia, particularmente la terapia cognitivo-conductual, también puede ayudar a controlar los síntomas. Este enfoque permite identificar patrones de pensamiento negativos y desarrollar estrategias para mantener actividades que favorezcan el bienestar. Algunos estudios indican que sus beneficios pueden mantenerse durante más tiempo que los obtenidos únicamente con fototerapia.
En determinados casos, los médicos pueden recomendar medicamentos antidepresivos, solos o combinados con otras intervenciones. La elección depende de las características y necesidades de cada paciente.
Los especialistas también aconsejan mantener horarios regulares de sueño, realizar caminatas al aire libre incluso durante los días nublados y programar actividades sociales y recreativas. Aprovechar las horas de luz disponibles y evitar el aislamiento pueden contribuir a mejorar el bienestar durante los meses más oscuros.
El trastorno afectivo estacional no debe confundirse con una sensación pasajera de tristeza asociada al invierno. Cuando los cambios de ánimo persisten, afectan las actividades cotidianas o interfieren en las relaciones personales, es importante buscar una evaluación profesional. Existen tratamientos eficaces y opciones de acompañamiento para abordar esta condición.
Redacción de: Karen Rodríguez A.




