En control del tabaco, Uruguay y México llegaron antes que Canadá

Un grupo de organizaciones de salud va a presionar esta semana en Ottawa para que Canadá prohíba el cigarrillo y el vapeo a toda una generación, siguiendo el modelo británico. El gobierno dice que no lo está considerando. Y mientras tanto, varias de las medidas que acá se debaten llevan años aplicándose en países latinoamericanos.
Qué están pidiendo
La Lung Health Foundation y decenas de activistas quieren que el gobierno federal prohíba la venta de productos de tabaco y de vapeo a las próximas generaciones.
El modelo es la ley británica que entra en vigor en enero y prohíbe a cualquier persona nacida después de 2008 comprar cigarrillos de forma legal durante toda su vida. Esa ley la propuso un gobierno conservador en 2023 y la aprobó uno laborista; en el proceso, se retiró del texto final la parte sobre el vapeo, aunque sí se agregaron el empaquetado neutro y la obligación de mantener los productos detrás de una pantalla.
Las organizaciones canadienses quieren que acá el vapeo sí quede incluido, y su argumento es tanto económico como sanitario: una prohibición generacional aliviaría los costos del sistema de salud a largo plazo.
Dónde está parado el gobierno
Por ahora, lejos.
La oficina de Marjorie Michel, ministra federal de Salud, respondió a través de su vocero, Alexandre Bergeron, que Canadá no está considerando una prohibición de ese tipo, aunque está observando lo que ocurre en el Reino Unido.
La industria se opone, y lo hace en voz alta. Eric Gagnon, vicepresidente de asuntos regulatorios de Imperial Tobacco Canada, y Jeff Brownlee, vicepresidente de comunicaciones del Convenience Industry Council of Canada, figuran entre quienes rechazan la medida. Las tiendas de conveniencia son uno de los canales de venta más afectados por cualquier restricción de este tipo.
En cifras canadienses, alrededor del 11% de la población fuma y la meta nacional es reducir el consumo de tabaco al 5% para 2035.
Lo que ya pasó en Uruguay
Lo que sigue le va a resultar familiar a un lector latinoamericano, y casi nunca aparece en la cobertura en inglés.
Uruguay prohíbe fumar en todos los espacios públicos cerrados, en los lugares de trabajo cerrados y en el transporte público, y también en los predios al aire libre de instituciones de salud y educativas. Toda forma de publicidad, promoción y patrocinio del tabaco está prohibida, incluidas las de internet y las del punto de venta.
En empaquetado fue más lejos todavía. Desde diciembre de 2019 exige empaque neutro para cigarrillos, es decir lo mismo que el Reino Unido está agregando ahora. Las advertencias sanitarias con imagen deben cubrir el 80% de las dos caras principales del paquete. Y cada marca de tabaco solo puede tener una presentación, sin variantes.
Y lo que pasó en México
En enero de 2023 entró en vigor una ley que prohibió fumar en todos los espacios públicos, incluidos hoteles, playas y parques, y prohibió toda la publicidad, promoción y patrocinio del tabaco. También introdujo nuevas restricciones a los cigarrillos electrónicos y vapeadores.
Esa norma extendió una ley de 2008 que ya prohibía fumar en espacios cerrados como bares, restaurantes y lugares de trabajo. Con ese paquete, México quedó entre los países con las reglas más estrictas del mundo en espacios libres de humo, junto a Irlanda, Grecia, Hungría y Malta.
El contraste, sin exagerarlo
Conviene leer esta comparación con cuidado, porque tiene dos caras.
En reglas, varios países latinoamericanos se adelantaron: Uruguay tiene empaque neutro desde 2019 y México prohibió fumar en playas y parques desde 2023, cosas que en Canadá o no existen o apenas se discuten.
En resultados, la foto se invierte. En Canadá fuma cerca del 11% de la población; en México, alrededor del 16%. Y en la región hay países con tasas muy superiores, como Bolivia, con 40%, y Chile, con 38,7%, entre las más altas del continente.
La comparación tiene un límite, eso sí, porque cada país partió de un punto distinto y varios de la región llegaron a esas leyes precisamente por tener un consumo mucho más alto. Lo que sí muestra es que el efecto de una norma se mide en años, no en titulares, y eso forma parte de lo que está en juego en el debate canadiense. Para una familia que llegó de Montevideo o de Ciudad de México, lo útil de saber esto es que las reglas que ya conocía de su país no son necesariamente menos exigentes que las de acá, y que varias de las que se discuten en Ottawa esta semana ya las vivió.
Redacción de Mauricio Navas Talero LJI Reporter




