Canadá ofrece levantar el veto al licor estadounidense para evitar el arancel del 19 de agosto

A doce días de que Estados Unidos imponga un arancel del 50% a una lista de productos canadienses, Ottawa puso sobre la mesa el fin de las prohibiciones provinciales al licor estadounidense. El problema es que esa decisión no depende del gobierno federal, sino de las provincias, y dos de las más grandes, con la mayoría del mercado de licores del país, ya dijeron que no.

¿Qué ofrece Canadá exactamente?

La oferta de Ottawa está construida alrededor de las tres quejas que la administración Trump usó para justificar el arancel: el retiro de los aranceles de retorsión que Canadá impuso sobre autos estadounidenses, algo que está enteramente dentro de las facultades del gobierno federal; un ajuste en cómo Canadá reparte entre productores estadounidenses y europeos las cuotas de importación de lácteos que ya existen bajo el CUSMA; y el fin de las prohibiciones provinciales a la cerveza, el vino y los licores de Estados Unidos. A cambio, Canadá pide que Washington cancele el arancel del 50% amenazado para el 19 de agosto, ofrezca alivio en los aranceles sectoriales que ya pesan sobre el acero y el aluminio, y anuncie junto con Canadá que las negociaciones para revisar el CUSMA arrancarán en el otoño.

En el caso de los lácteos, no se trata de desmantelar el sistema de administración de la oferta que protege la producción canadiense de leche, huevo y aves. El reclamo de Estados Unidos es más específico: que Canadá ha estado llenando las cuotas que el CUSMA ya le garantizó a productores estadounidenses con productos europeos, que tienen su propio acceso bajo el acuerdo con la Unión Europea. «Hay cosas que podríamos cambiar que le permitirían a nuestro vecino estadounidense aprovechar las cuotas que ya se habían asignado, que ya están ahí», explicó Jean Charest, exprimer ministro de Quebec y hoy miembro del comité asesor del primer ministro sobre relaciones económicas con Estados Unidos.

¿Qué tan grande fue el golpe al licor estadounidense?

Ocho de las diez provincias impusieron prohibiciones parciales o totales a la cerveza, el vino y los licores estadounidenses desde marzo de 2025, en respuesta a la primera ronda de aranceles de Trump. El golpe fue severo: según cifras del propio gobierno de Estados Unidos, las importaciones canadienses de bebidas alcohólicas estadounidenses cayeron 81%, de unos 718 millones de dólares a apenas 137 millones, entre marzo de 2025 y febrero de 2026. Solo las ventas de vino estadounidense en Canadá bajaron 343 millones de dólares en 2025. Canadá, que hasta entonces era el principal mercado de exportación de vino de Estados Unidos, hoy apenas le compra una fracción de lo que le compraba. Únicamente Alberta y Saskatchewan levantaron sus restricciones desde entonces.

¿Por qué Ontario y Columbia Británica no se suman?

El premier de Ontario, Doug Ford, condicionó levantar el veto a que Estados Unidos elimine los aranceles sectoriales sobre autos y acero, la misma condición que Ottawa está negociando por su lado. Su desconfianza tiene un antecedente concreto: cuando accedió a suspender un recargo eléctrico contra Michigan, Nueva York y Minnesota a cambio de una promesa de diálogo, Estados Unidos subió los aranceles de todas formas. «Simplemente no confío en el presidente Trump», dijo Ford. En Columbia Británica, el premier David Eby fue todavía más tajante y no dejó espacio para condiciones: no hay ninguna posibilidad, dijo, de que el licor estadounidense vuelva a los estantes. Como las decisiones de las licoreras provinciales, como la LCBO en Ontario o la SAQ en Quebec, son un asunto que la Constitución le reserva a las provincias, Ottawa puede pedir que se levante el veto, pero no tiene forma de ordenarlo.

¿Qué pasa si no hay acuerdo antes del 19 de agosto?

Si no se llega a un entendimiento, el arancel del 50% entra en vigor a las 12:01 a.m., hora del este, del 19 de agosto, sobre unos 20,000 millones de dólares en bienes canadienses repartidos en 554 líneas arancelarias. Fuentes cercanas a la negociación describen esa fecha como un momento límite: el punto en el que, según le han insistido a sus contrapartes estadounidenses, dejaría de haber apetito político en Canadá para seguir negociando si los aranceles ya entraron en vigor. Esas mismas fuentes describen los tres temas en disputa, autos, lácteos y licor, como procedimentalmente simples de resolver, pero políticamente complicados para el gobierno canadiense, precisamente porque buena parte de lo que Washington pide depende de que las provincias cooperen, y esa cooperación no está garantizada.

Incluso si Ottawa y Washington llegan a un acuerdo marco antes del 19 de agosto, el licor estadounidense no va a volver automáticamente a los estantes de Ontario ni de Columbia Británica. Esa decisión, la más visible de toda la negociación para cualquier consumidor, sigue en manos de los gobiernos provinciales, y al menos uno de ellos ya dijo que no la va a tomar pase lo que pase.

Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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