Aunque cambie el Congreso estadounidense, los aranceles no desaparecen por su cuenta.

Estados Unidos vota hoy en sus elecciones de medio término, y en los grupos de la comunidad ya circula la idea de que, si cambia el Congreso, se acaban los aranceles contra Canadá. No funciona así. El gravamen que está detrás de los despidos en acero y autopartes se sustenta en leyes que solo el propio Congreso podría cambiar, y aun así tendría que pasar por encima del presidente.

Cada arancel sale de una ley distinta

Sin esa distinción el resto de la discusión no se entiende, y es lo que casi nadie separa.

El gravamen del 50% específico contra Canadá se apoya en el artículo 338 de la Ley Arancelaria de 1930. Trump lo anunció el 20 de julio mediante tres proclamaciones, y aplica a la mercancía que entró a partir de las 12:01 de la madrugada del 19 de agosto. Es la primera vez en la historia que un presidente estadounidense usa ese artículo para imponer un arancel, y el 50% es el máximo que la norma permite.

Los aranceles sobre metales y autos son otra cosa: se apoyan en el artículo 232 de una ley de 1962, de modo que derogar uno no elimina el otro.

Ya hubo un precedente que muestra lo que sí puede pasar. El 20 de febrero la Corte Suprema estadounidense decidió el caso Learning Resources contra Trump. Resolvió que la ley de poderes económicos de emergencia no autoriza al presidente a imponer aranceles, con el argumento de que un arancel es un impuesto y los impuestos le corresponden al Congreso. Ese fallo tumbó los aranceles impuestos bajo esa ley, pero dejó intactos los del artículo 232.

Lo que tendría que pasar para que cambie

Hay proyectos de ley presentados, y ninguno es ley todavía.

El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, presentó el 14 de septiembre el proyecto S. 5390, cuyo título oficial es terminar y reembolsar ciertos aranceles impuestos por el presidente, y que sigue en el comité de finanzas.

No es el único. El 17 de septiembre un grupo de senadores presentó otra iniciativa que derogaría el artículo 338 y devolvería todo lo cobrado bajo esa autoridad. Y el 24 la senadora Jacky Rosen presentó la resolución S. Res. 898, que sostiene que esos aranceles y el tono del trato bilateral perjudican a consumidores y empresas estadounidenses, y que deberían rescindirse. Nada de eso se ha convertido en ley.

Y están los obstáculos de procedimiento, que es donde la expectativa se estrella. Para cerrar el debate sobre la mayoría de los proyectos en el Senado hacen falta sesenta votos. Si el presidente veta, revertir el veto exige dos tercios de los presentes en cada cámara, lo que con asistencia plena son 290 votos en la Cámara de Representantes y 67 en el Senado. Controlar el Congreso y tener control a prueba de veto son dos cosas distintas.

Queda una vía más corta y es judicial. El 20 de octubre el importador de alimentos Gellert Global Group demandó el artículo 338 ante el Tribunal de Comercio Internacional estadounidense, y el resultado está abierto.

Cuánto de esto le llega de verdad a su bolsillo

Acá conviene bajar el tema a cifras, porque la impresión general es peor que el dato.

Según el informe de política monetaria que el Banco de Canadá publicó el 28 de octubre, el arancel promedio que Estados Unidos aplica a los bienes canadienses es del 7,5%, frente al 5,0% de julio. Y cerca del 80% de las exportaciones canadienses de bienes a Estados Unidos siguen entrando sin arancel.

Eso se explica por el alcance del gravamen. Las tres proclamaciones de julio cubrían unos 20.000 millones de dólares en importaciones, lo que representaba cerca del 5% de todo lo que Estados Unidos le compra a Canadá. Recaían sobre lácteos, vehículos y bebidas alcohólicas, así como sobre una lista de productos agrícolas y manufacturados. Quedaron fuera la energía, la potasa, el pescado y los minerales críticos.

Esa lista ya se movió una vez. Una proclamación del 23 de octubre eliminó 22 partidas arancelarias y agregó 100, con efecto a partir de las 12:01 de la madrugada del 30 de octubre. Entre lo que entró hay pinturas, jabones y champús, lubricantes y ceras, plásticos, paneles de madera y papel, alfombras, aires acondicionados, congeladores, herramientas eléctricas y válvulas. Conviene tener presente que esto encarece lo que Canadá vende en Estados Unidos, no lo que usted compra acá.

Del lado canadiense también hay respuesta. Canadá impuso contramedidas sobre unos 28.000 millones de dólares en bienes estadounidenses, y el arancel promedio canadiense sobre esas importaciones subió de 1,5% a 3,9%. El detalle que importa para la compra del súper es que la mayoría de esas contramedidas recae sobre insumos intermedios, como el acero y el aluminio, y relativamente pocas sobre productos finales de consumo.

Qué significa esto si usted trabaja en planta

Para el trabajador de manufactura, logística o autopartes, la lectura honesta de esta noche es que no debe esperar alivio por el resultado electoral.

El arancel que le está recortando turnos depende de una negociación entre los dos gobiernos y de un pleito judicial que apenas arranca, más que de quién gane en el Congreso. Y también depende de una fecha concreta: está programado un aumento de las tarifas del artículo 232 a partir del 1 de enero.

Lo que sí cambia con el resultado es la presión política interna. El arancel se volvió tema de campaña en estados donde los negocios locales pagan más por los insumos canadienses, y esa incomodidad es hoy el mejor argumento del lado canadiense en la mesa. Si su planta ya anunció recortes, la gestión que no conviene posponer sigue siendo la misma de siempre: solicitar por escrito el registro de empleo y verificar la elegibilidad para el seguro de empleo antes de que llegue la carta.

Redacción de Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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