Se puede votar por un cargo que la provincia tiene suspendido

El 26 de octubre, además de alcalde y concejal, se eligen los trustees de las juntas escolares. Pero ocho juntas de Ontario, incluida la de Toronto, están intervenidas por la provincia y ahí el cargo está prácticamente sin funciones. Hablamos con Matías De Dovitiis, uruguayo, ex trustee del Toronto District School Board y otra vez candidato, para entender qué se está votando.

¿Qué es un trustee?

Es una figura que, como dice De Dovitiis, no se conoce en Latinoamérica, y por eso cuesta explicarla.

De Dovitiis lo resume así: hay 22 trustees electos en la ciudad de Toronto, uno por distrito, y son quienes toman las decisiones sobre un sistema de más de 250.000 estudiantes y más de 30.000 empleados, uno de los más grandes de Norteamérica.

Lo describe como un laboratorio democrático donde maestros, estudiantes y padres acuden a hablar en comités sobre los temas de la escuela, y donde el trustee canaliza esas necesidades a la dirección del sistema. En la práctica, es el puente entre una familia y la junta escolar, el lugar al que un padre acude cuando su hijo necesita algo que la escuela no le brinda.

Él le atribuye a ese sistema buena parte de la calidad de la educación pública canadiense. Las escuelas públicas de acá, recuerda, se formalizaron en la década de 1850, antes de que existiera Canadá como país, y desde entonces siempre hubo un nivel de gobierno local electo que generaba transparencia y rendición de cuentas.

Lo que la provincia le fue quitando

Esa es la teoría. La práctica viene cambiando desde hace veinte años.

De Dovitiis cuenta que antes los trustees tenían salario, contaban con asistentes y manejaban su propio presupuesto con autonomía, y que el gobierno provincial les ha ido quitando poder de forma sostenida.

Los datos lo respaldan. Una ley provincial de este año recortó el papel de los trustees en todo Ontario: les quitó responsabilidades presupuestarias en las juntas de habla inglesa y los sacó casi por completo de la negociación colectiva central.

Y después vino la intervención. Paul Calandra, ministro de Educación, puso bajo control provincial ocho juntas escolares, citando, sobre todo, mala administración financiera: la pública y la católica de Toronto, Ottawa-Carleton, Dufferin-Peel Católica, Thames Valley, Near North, Peel y York Católica. En esas ocho, el cargo electo quedó efectivamente suspendido y las decisiones las toma un supervisor designado. Hay una excepción que conviene conocer si sus hijos están en el sistema católico: ahí los trustees conservan sus funciones en los asuntos confesionales. Calandra dijo que volverán cuando tengan su casa en orden, sin poner fecha.

Sobre ese supervisor designado, De Dovitiis es durísimo. Dice que hay que haberle hecho un gran favor a alguien para que le regalen un trabajo de $300.000 en el que uno no es experto y decide sobre 250.000 estudiantes y decenas de miles de profesionales más capacitados que uno.

Menos gente quiere el puesto

La consecuencia ya se nota en las papeletas.

En la junta pública de Ottawa-Carleton se registraron 25 candidatos para 12 puestos, frente a 41 en 2022. En la junta católica de York, cerca de la mitad de los cargos tienen un solo candidato inscrito. En la católica de Toronto hay cinco distritos con un único aspirante, en una junta en la que nadie ha sido electo por aclamación desde 2003.

Es difícil convencer a alguien de hacer campaña para un cargo que quizá no llegue a ejercer.

Por qué a una familia latina le conviene saber esto

De Dovitiis insiste en este punto, y tiene que ver con una diferencia cultural concreta.

En Latinoamérica, dice, el colegio hace lo suyo y los padres se mantienen más al margen; el responsable de que las cosas salgan bien es, sobre todo, el estudiante. En Canadá, el sistema espera lo contrario: que el padre pregunte, reclame y exija, sobre todo si el hijo tiene necesidades especiales o avanza a un ritmo distinto al de sus compañeros.

Él llegó a ese tema a partir de su propia experiencia. Vino de Uruguay a los 11 años con su madre y sus hermanos, luchando por aprender inglés como cualquier chico que llega de Latinoamérica. Ya en la Universidad de Toronto, al no encontrar espacios para latinos, cuando sí había clubes coreanos y chinos, fundó con cuatro o cinco compañeros la Organización Latinoamericana de Estudiantes (OLAS), que sigue existiendo veinte y pico de años después en varios campus de Ontario.

Desde ahí, al dar tutorías a estudiantes de secundaria, se topó con un dato que lo impulsó al activismo educativo. Cita un estudio, el Brown Report, según el cual la tasa de deserción escolar de los estudiantes latinoamericanos era una de las más altas entre todos los grupos étnicos, de alrededor del 40%.

Qué hacer el 26

Aunque el cargo esté suspendido en Toronto, la papeleta lo incluye y el voto se cuenta.

Lo primero es saber en qué distrito escolar vive, que no necesariamente coincide con el distrito municipal. Lo segundo, si tiene hijos en el sistema público, mirar qué dice cada candidato sobre programas de inglés como segundo idioma y sobre el apoyo a estudiantes recién llegados, donde más se nota el recorte.

Y lo tercero, saber que mientras dure la intervención, el canal para un reclamo concreto no es el trustee sino la dirección de la escuela y la administración de la junta.

Redacción de Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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