Durante años, los habitantes de Toronto asociaron los incendios forestales con imágenes lejanas del norte de Ontario o del oeste de Canadá. El humo podía aparecer uno o dos días al año, pero rara vez alteraba la vida cotidiana de la ciudad.
Ese escenario cambió.
En los últimos veranos, y especialmente durante 2026, Toronto ha enfrentado repetidos episodios de mala calidad del aire provocados por incendios ubicados a cientos de kilómetros de distancia. Escuelas han restringido actividades al aire libre, eventos masivos han debido modificarse y millones de personas han recibido advertencias para permanecer bajo techo.
La pregunta ya no es si el humo volverá a afectar a Toronto.
La pregunta es si la ciudad está preparada para convivir con él todos los veranos.
Contenido
Un problema que dejó de ser excepcional
Los incendios forestales continúan concentrándose principalmente en el norte de Ontario y otras provincias, pero el humo viaja grandes distancias impulsado por los vientos.
Environment and Climate Change Canada ha emitido este verano múltiples Special Air Quality Statements para Toronto y el sur de Ontario, advirtiendo que incluso personas sanas pueden experimentar irritación en los ojos, dolor de garganta o dificultad para respirar cuando las concentraciones de partículas finas aumentan.
Las recomendaciones se han vuelto familiares: cerrar ventanas cuando sea posible, limitar el ejercicio al aire libre y prestar especial atención a niños, adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares.
Lo que antes parecía una situación extraordinaria comienza a convertirse en parte de la planificación normal del verano canadiense.
La infraestructura urbana no fue diseñada para este escenario
Toronto ha invertido durante décadas en prepararse para tormentas de nieve, lluvias intensas y olas de calor.
Sin embargo, el humo proveniente de incendios forestales plantea desafíos diferentes.
Muchas escuelas públicas no cuentan con sistemas avanzados de filtración del aire. Los parques y programas recreativos dependen de actividades al aire libre durante el verano. Los trabajadores de la construcción, el mantenimiento urbano y el reparto permanecen expuestos durante largas jornadas, incluso cuando la calidad del aire se deteriora.
Los hospitales también enfrentan un aumento de consultas relacionadas con problemas respiratorios durante los episodios más severos, especialmente entre personas con asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y afecciones cardíacas.
También cambia la economía de la ciudad
Cuando el humo cubre Toronto, el impacto va más allá de la salud pública.
Los restaurantes con terrazas reciben menos clientes. Las actividades al aire libre disminuyen. Empresas dedicadas al turismo, recorridos urbanos y eventos deportivos deben modificar operaciones o enfrentar cancelaciones.
Durante julio, varios eventos comunitarios fueron aplazados o adaptados debido a las condiciones atmosféricas, mientras las autoridades recomendaban reducir la exposición al aire contaminado.
Para una ciudad cuya economía depende cada vez más del turismo, los festivales y las actividades culturales durante el verano, el humo representa un riesgo económico que hasta hace pocos años prácticamente no existía.
Adaptarse será tan importante como responder
Expertos en salud pública y planificación urbana coinciden en que las ciudades deberán incorporar este fenómeno dentro de sus estrategias permanentes de resiliencia climática.
Eso incluye fortalecer los sistemas de monitoreo de calidad del aire, mejorar la filtración en edificios públicos, revisar protocolos escolares, ampliar la información disponible para la ciudadanía y proteger especialmente a quienes trabajan al aire libre.
Algunas ciudades norteamericanas ya estudian la creación de refugios climáticos que funcionen no solo durante olas de calor, sino también durante episodios de contaminación extrema por humo.
Toronto podría enfrentar discusiones similares si estas condiciones continúan repitiéndose con la frecuencia observada en los últimos años.
El nuevo rostro del cambio climático
Durante mucho tiempo, el cambio climático se percibió en Toronto como un fenómeno asociado principalmente a temperaturas más altas o lluvias más intensas.
Hoy tiene otro rostro.
Es un cielo gris en pleno verano.
Es el olor a humo que entra por las ventanas.
Es un niño que no puede salir al recreo.
Es un trabajador que pasa ocho horas respirando aire contaminado.
Los incendios seguirán ocurriendo principalmente lejos de Toronto. Sus consecuencias, en cambio, ya forman parte de la vida diaria de la ciudad.
Y esa realidad obliga a una pregunta que las autoridades tendrán que responder más temprano que tarde: ¿está Toronto preparada para proteger a sus habitantes cuando el humo deje de ser una excepción y se convierta en una característica permanente del verano canadiense?
Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter





