Un cilindro bomba lanzado contra un autobús en la carretera Panamericana del municipio de Cajibío, en el departamento del Cauca, dejó a veinte personas muertas a finales de la semana pasada. La mayoría de las víctimas eran mujeres y varios de los heridos eran menores de edad. El ataque, atribuido a disidencias de las FARC, ocurre en uno de los momentos más tensos que ha vivido Colombia en años.
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Lo que ocurrió en Cajibío
El ataque tuvo lugar en la vía Panamericana, una arteria vital para el transporte en el suroeste del país. Las víctimas eran civiles que viajaban en un bus de pasajeros. El Instituto Nacional de Medicina Legal confirmó que entre los fallecidos había quince mujeres y cinco hombres, todos mayores de edad. Entre los heridos se encontraban al menos cinco niños.
Muchas de las víctimas pertenecían a comunidades indígenas de la región, zonas históricamente afectadas por el conflicto armado y donde la presencia del Estado ha sido intermitente durante décadas. La masacre ocurrió en el contexto de otros atentados registrados en los mismos días en distintos puntos del país.
La respuesta del gobierno y la responsabilidad del ataque
Las fuerzas militares colombianas atribuyeron el atentado a la columna Jaime Martínez del Estado Mayor Central (EMC), la principal disidencia de las FARC que rompió con el proceso de paz. El grupo armado reconoció públicamente su participación, calificando lo ocurrido como un “error táctico”.
El presidente Gustavo Petro ordenó la máxima persecución contra los responsables y declaró estado de sitio en parte del departamento del Cauca. El atentado ocurre a pocas semanas de las elecciones presidenciales del 31 de mayo, lo que añade una dimensión política de peso al ya grave impacto humanitario.
Una herida que llega hasta Canadá
Para la diáspora colombiana en Canadá, una de las comunidades latinoamericanas más activas, noticias como estas mantienen vivos los lazos emocionales con un país que muchos dejaron precisamente buscando alejarse de la violencia. El duelo llega doble: por las víctimas y por lo que el ataque representa para una paz que costó décadas construir.
Noticias como esta pueden verse lejanas vistas desde el prisma canadiense, sin embargo, las personas de Latinoamérica, saben que desprenderse de la realidad de lo que son sus orígenes, no es algo fácil e incluso no es algo que se quiera o se prefiera. Esta tragedia, es algo que remueve, recuerda y sacude el imaginario colombiano en Canadá. Es un síntoma y un recordatorio, de lo que muchos tuvieron que vivir cuando aun vivían en Colombia y para algunos, puede ser todavía más sensible este tipo de situaciones, porque podrían tener vínculos con los sectores más vulnerables del país.
Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter





