¿Valió la pena? Lo que el Mundial dejó en Toronto después de seis partidos y $380 millones en gastos previstos

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La fiesta terminó. Después de recibir seis partidos, miles de visitantes y el primer encuentro de una Copa Mundial masculina disputado en territorio canadiense, Toronto comenzó a desmontar las estructuras temporales del torneo y a enfrentarse a una pregunta mucho más difícil que organizar los juegos: ¿valió la pena la inversión?

Durante más de un mes, el Mundial transformó distintos espacios de la ciudad. El estadio de Exhibition Place recibió partidos internacionales, las pantallas públicas reunieron a aficionados de distintas nacionalidades y el transporte público operó con servicios especiales para movilizar a quienes asistieron a los encuentros.

Toronto también consiguió algo difícil de medir únicamente en dólares: proyectarse ante una audiencia mundial como una ciudad diversa, capaz de convertir un torneo de fútbol en una celebración de las numerosas comunidades que viven en ella.

Sin embargo, una vez finalizada la competencia, todavía no existe un balance financiero definitivo que permita establecer cuánto dinero dejó realmente el torneo en la economía local ni si esos beneficios compensaron el gasto asumido por los gobiernos.

Una inversión mucho mayor que la prevista originalmente

El presupuesto aprobado para las responsabilidades de Toronto como ciudad anfitriona alcanzó los $380 millones, una cifra que incluyó operaciones, seguridad, transporte, modificaciones en el estadio y otras obligaciones relacionadas con la organización del torneo.

El Gobierno federal había comprometido inicialmente $104 millones para apoyar las labores de Toronto y posteriormente destinó otros $45 millones para costos de seguridad. El resto del presupuesto se distribuyó entre aportes municipales, provinciales y otras fuentes de financiación.

En el conjunto del país, el costo público de recibir los 13 partidos disputados en Toronto y Vancouver superaría los $1.000 millones, de acuerdo con una estimación publicada antes del torneo por la Oficina del Director Parlamentario de Presupuesto.

Ese organismo calculó que el costo promedio para Canadá rondaría los $82 millones por partido, aunque advirtió que no todos los gastos correspondían directamente a los encuentros, pues también incluían seguridad, servicios federales y adecuaciones necesarias para cumplir las condiciones de FIFA.

La inversión debe compararse con las expectativas económicas anunciadas antes del torneo. Un análisis preparado por Deloitte para FIFA estimaba que el Mundial podría producir hasta $940 millones en actividad económica para el área metropolitana de Toronto, incluyendo aproximadamente $520 millones en crecimiento del producto interno bruto, $340 millones en ingresos laborales y más de 6.600 empleos.

Esas cifras eran proyecciones, no dinero garantizado para las cuentas de la ciudad.

Los beneficios no se distribuyeron de la misma manera

Hoteles, restaurantes, bares, empresas de transporte y comercios cercanos a las zonas de celebración recibieron parte del gasto de los visitantes. Los partidos también atrajeron aficionados que probablemente no habrían viajado a Toronto durante ese periodo sin el Mundial.

Pero la presencia de turistas no significa automáticamente que todos los pequeños negocios hayan ganado.

Los grandes eventos pueden desplazar a visitantes habituales, elevar los precios de alojamiento y concentrar el consumo en determinadas zonas o establecimientos vinculados directamente con el torneo. Algunos residentes también evitan el centro de la ciudad por temor a las multitudes, los cierres viales o los mayores costos.

Por eso, el número de asistentes no basta para medir el impacto. Para saber cuánto dejó realmente el Mundial será necesario conocer el gasto de los visitantes, la ocupación hotelera, las ventas de los negocios, los ingresos tributarios y el costo final de las operaciones públicas.

También será importante determinar cuánto del dinero generado permaneció en Toronto y cuánto terminó en manos de FIFA, sus patrocinadores y las grandes empresas encargadas de la boletería, la hospitalidad y los derechos comerciales.

Una ciudad que aprendió a moverse de otra manera

Uno de los efectos más visibles del torneo ocurrió en las calles.

La ciudad reforzó el transporte público, creó rutas para peatones, habilitó estacionamientos especiales para bicicletas y promovió alternativas al automóvil para llegar al estadio y a las zonas de celebración.

Durante los encuentros se registró una mayor presencia de peatones y ciclistas en Exhibition Place y sus alrededores. El torneo demostró que una gran cantidad de personas podía movilizarse hacia un mismo punto sin depender exclusivamente del vehículo particular, siempre que existieran información clara, servicios adicionales y conexiones seguras.

La pregunta ahora es si esas medidas desaparecerán con las estructuras temporales o si Toronto aprovechará la experiencia para mejorar permanentemente el acceso a Exhibition Place, el frente costero y otros lugares donde se realizan grandes eventos.

El verdadero legado de movilidad no será haber transportado exitosamente a miles de aficionados durante seis partidos. Será aplicar lo aprendido a la vida cotidiana de quienes se desplazan diariamente por la ciudad.

Infraestructura que permanecerá después del torneo

No todo el presupuesto representó gastos que desaparecieron al finalizar el Mundial.

Las inversiones incluyeron adecuaciones en el estadio, instalaciones deportivas, mejoras en espacios públicos y programas relacionados con el fútbol comunitario y juvenil. Parte de esa infraestructura continuará siendo utilizada por residentes y organizaciones locales.

Sin embargo, el valor de esas mejoras dependerá de su uso futuro y de los costos que tendrá mantenerlas.

Una cancha, una instalación deportiva o una renovación urbana no constituyen automáticamente un legado positivo. Para que lo sean, deben permanecer abiertas, ser accesibles para las comunidades y responder a necesidades existentes más allá de la imagen internacional que acompañó al torneo.

También deberá evaluarse si las modificaciones temporales del estadio justificaron su costo o si una parte demasiado grande del presupuesto se destinó a cumplir requerimientos que beneficiaron principalmente a FIFA durante unas pocas semanas.

Una celebración que no todos pudieron pagar

Aunque el Mundial se desarrolló en Toronto, asistir a los partidos estuvo fuera del alcance de muchas familias.

Los altos precios de las entradas y de los paquetes de hospitalidad hicieron que una parte importante de la población viviera el torneo desde las pantallas públicas, los bares o sus hogares.

Las celebraciones gratuitas permitieron ampliar la participación y ofrecieron espacios de encuentro para comunidades de distintos países. No obstante, la diferencia entre la experiencia dentro del estadio y la vivida fuera de él también abrió un debate sobre quiénes se benefician realmente cuando una ciudad utiliza recursos públicos para recibir un evento controlado comercialmente por una organización privada.

Para muchos aficionados, el recuerdo será histórico. Para quienes analizan las finanzas municipales, la discusión apenas comienza.

El balance definitivo todavía está pendiente

Toronto puede afirmar que cumplió con la organización. Los partidos se realizaron, la ciudad recibió visitantes y las celebraciones mostraron su diversidad ante el mundo.

Lo que todavía no puede afirmar con certeza es que el torneo produjo un beneficio económico superior a su costo.

El balance final requerirá datos auditados sobre gastos, ingresos, turismo, empleo, contratos públicos y utilización futura de la infraestructura. También deberá incluir efectos menos visibles: el impacto sobre los pequeños negocios, las personas sin vivienda, los residentes de los sectores intervenidos y quienes no pudieron participar directamente por los costos.

El Mundial dejó imágenes difíciles de olvidar, una experiencia operativa valiosa y algunas inversiones que permanecerán en la ciudad. Pero también dejó una factura pública considerable y una advertencia para futuros eventos internacionales: llenar un estadio y atraer visitantes no es lo mismo que obtener un rendimiento suficiente para la población que pagó por recibirlos.

Toronto demostró que podía organizar un Mundial. Ahora deberá demostrar que la inversión produjo algo más duradero que seis partidos y varias semanas de celebración.

Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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