Una ley canadiense volvió ciudadanos, sin que se dieran cuenta, a miles de personas en el norte de Nueva York

En diez condados del norte del estado de Nueva York, pegados a la frontera con Quebec, casi 35.000 personas dicen tener ascendencia canadiense o franco-canadiense. Desde el 15 de diciembre de 2025, cuando entró en vigor la reforma conocida como Bill C-3, una parte de esas personas ya es, técnicamente, ciudadana canadiense. Sin haber llenado un solo formulario.
¿Qué cambió exactamente?
Antes de Bill C-3, la ciudadanía canadiense por descendencia se cortaba en la primera generación nacida fuera de Canadá. El hijo de un canadiense nacido en el extranjero era canadiense; el nieto, ya no. Los tribunales declararon esa regla inconstitucional, y Bill C-3 la eliminó del todo: ahora la ciudadanía puede pasar de generación en generación, sin límite, siempre que se pueda documentar la línea hasta el ancestro canadiense, aunque haya salido de Canadá siete u ocho generaciones atrás.
Eso sí, hay una condición para que la cadena siga hacia adelante desde ahora: el padre o la madre nacido fuera de Canadá tiene que demostrar al menos 1.095 días, tres años, de presencia física acumulada en Canadá antes de que nazca o sea adoptado su hijo. Sin eso, la cadena se corta ahí mismo.
¿Por qué el condado de Clinton es un buen ejemplo?
Ahí, 6.988 de 78.493 residentes, uno de cada once, reportan ascendencia canadiense o franco-canadiense. En el condado de Franklin es uno de cada catorce; en Saint Lawrence, uno de cada diecisiete. Gente que lleva generaciones viviendo del lado estadounidense de la frontera, muchas veces sin pensar en Canadá para nada, y que de golpe entró en la categoría de posible ciudadana canadiense.
¿Y qué tiene que ver esto con un latino en Canadá?
Más de lo que parece a primera vista. La ley no le pregunta a nadie de qué apellido es ni en qué condado vive. Lo único que pide es un ancestro canadiense documentado, sin importar cuántas generaciones atrás. Eso alcanza igual a un descendiente franco-canadiense en el norte de Nueva York que a cualquier persona de la enorme comunidad latina que vive en ese mismo estado, si en algún punto de su árbol genealógico hay un abuelo, bisabuelo o tatarabuelo nacido en Canadá.
Y hay una segunda parte que sí le toca directamente a la familia latina que ya vive en Canadá: si sus hijos nacieron en este país, esos hijos podrán transmitir la ciudadanía canadiense a sus propios hijos nacidos en el extranjero, sin límite de generaciones, siempre que ellos mismos junten esos tres años de presencia física antes de que nazca el nieto. Antes de Bill C-3, esa cadena se cortaba en la primera generación afuera. Ahora no.
¿Cómo se sabe si alguien califica?
Hace falta reunir actas de nacimiento, matrimonio y, si aplica, defunción que unan a la persona con el ancestro canadiense, y presentarlas ante IRCC para un certificado de ciudadanía. El trámite no exige examen de idioma ni jurar nada. Lo que sí exige es paciencia, y bastante: eso lo cuenta la nota que sigue.
Miles de personas en el norte de Nueva York se enteraron este año de que ya eran canadienses sin buscarlo. Vale la pena que cualquier familia latina con una rama canadiense en el árbol se haga la misma pregunta.
Redacción de Mauricio Navas Talero LJI Reporter




