Se hizo pasar por investigador de estafas de techos y, cuando el dueño se negó a pagar, le dañaron la casa

La policía de Toronto busca a cuatro hombres por un fraude ocurrido entre el 10 y el 17 de agosto en el barrio de Rosedale, cerca de Mount Pleasant Road y Elm Avenue. La historia empieza con una frase que suena a buena noticia y termina con un techo y una cerca destrozados.

¿Cómo funcionó el engaño?

Un hombre tocó la puerta y se presentó como investigador que estaba revisando estafas de techos en la zona. Le dijo al dueño de casa que la reparación no le iba a costar nada y que además le devolverían dinero por haber sido víctima de un fraude.

Volvió acompañado de otra persona, y ahí cambió el libreto: pidieron el pago por adelantado. El dueño se negó. Días después, cuatro personas regresaron a la propiedad y dañaron el techo y la cerca sin ningún permiso. La policía difundió la búsqueda de los cuatro sospechosos y pidió información.

¿Por qué este engaño pega tan fuerte en quien acaba de llegar?

Porque casi todo el truco se apoya en una sola cosa: no saber cómo funciona el sistema aquí. En Canadá, un investigador de fraudes no toca puertas para ofrecer reparaciones gratis. No existe una oficina que le devuelva dinero a alguien a cambio de dejar entrar a un contratista. La policía no cobra por investigar ni negocia arreglos en la vereda.

Quien llega de un país donde el trato informal en la puerta es lo normal, donde se paga en efectivo y por adelantado porque así se ha hecho siempre, y donde el papel llega después si es que llega, no tiene por qué reconocer esas señales. No es ingenuidad. Es falta de contexto, y el contexto se aprende, casi siempre a un costo alto.

A eso se suma algo más incómodo de decir: mucha gente recién llegada duda antes de llamar a la policía, por miedo a su situación migratoria o por experiencias previas en su país de origen. La Junta de Servicios Policiales de Toronto tiene desde 2006 una política, enmendada en 2010, que ordena que a las víctimas y testigos de un delito no se les pregunte por su estatus migratorio, salvo que exista una razón policial legítima para hacerlo. Ese silencio, cuando el miedo se impone, es justamente lo que hace rentable el negocio.

¿Qué dice la ley de Ontario?

Hay una lista de productos y servicios que no se pueden vender puerta a puerta si el cliente no contactó primero a la empresa: calefactores, aires acondicionados, purificadores de aire, calentadores de agua, filtros y suavizadores de agua, y limpieza de ductos. El techo no está en esa lista, así que tocar la puerta para ofrecer una reparación de techo no es ilegal por sí solo, y ahí está la rendija por donde entra este tipo de estafa.

Lo que sí protege a cualquiera, sin importar su situación migratoria, es el derecho a cancelar. Cuando se firma un contrato dentro de la casa, hay 10 días para echarse para atrás sin dar explicaciones, contados desde que la persona recibe la copia escrita del contrato. Si ese contrato no incluye la información que exige la ley, o si la empresa mintió sobre lo que ofrecía, el plazo para cancelar se estira hasta un año.

La empresa está obligada, además, a entregar el contrato con una portada que explica esos derechos y a conservar los registros durante tres años. Un contratista que se molesta cuando le piden el contrato por escrito ya dijo todo lo que hacía falta saber.

Los cinco minutos que evitan el problema

No firmar ni pagar el mismo día. Pedir el nombre legal de la empresa y buscarlo en internet antes de decidir. Exigir contrato escrito con dirección, teléfono y costo total. No pagar la totalidad por adelantado ni en efectivo sin recibo. Y si alguien insiste, presiona o dice que la oferta vence hoy, cerrar la puerta y no sentir culpa por eso.

Consumer Protection Ontario atiende reclamos al 1-800-889-9768, de lunes a viernes entre 8:30 de la mañana y 5 de la tarde. Para este caso puntual, la policía de Toronto recibe información al 416-808-5300, o de forma anónima a través de Crime Stoppers. “Si suena demasiado bueno para ser verdad, probablemente lo sea”, resumió la policía. Es una frase gastada, y aun así describe con precisión lo que pasó en Rosedale.

Redacción de Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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