Los liberales aseguraron su mayoría en las parciales del lunes: por qué tres curules deciden cómo se gobierna Canadá

La mesa de decisión de la CBC proyectó victorias liberales en Beaches-East York, en Toronto, y en Chicoutimi-Le Fjord, en Quebec. Con esas dos curules el gobierno de Mark Carney asegura su mayoría, y en Chicoutimi además le arrebató el escaño a los conservadores. En North Vancouver-Capilano el conteo seguía abierto al cierre de esta nota. La pregunta de fondo, para quien llegó de un país con sistema presidencial, es otra: ¿cómo es que tres asientos deciden tanto?

¿Qué es exactamente una elección parcial?

En inglés se llama byelection y en francés élection partielle. Cuando una curul de la Cámara de los Comunes queda vacía entre una elección general y otra, sea por renuncia, por muerte o porque el diputado pasó a otro cargo, no la hereda nadie: se vuelve a votar, pero únicamente en esa circunscripción. El resto del país no participa.

Aquí aparece la primera diferencia grande con buena parte de América Latina, donde el escaño suele pasar automáticamente a un suplente elegido en la misma plancha o al siguiente nombre de la lista del partido. En Canadá esa figura no existe. Si el asiento se desocupa, hay que ir otra vez a las urnas en ese distrito.

En Canadá nadie vota por el primer ministro

Esta es la confusión más común entre quienes llegamos de sistemas presidenciales, y conviene decirla sin rodeos: en la boleta canadiense no aparece el nombre del primer ministro, salvo para los votantes de su propio distrito.

Uno vota por el diputado que quiere para su circunscripción, y hay 343 en todo el país. El partido que consigue el respaldo de más diputados forma gobierno, y su líder se convierte en primer ministro. Por eso Mark Carney no defiende su cargo cada cuatro años en una votación nacional a su nombre, como haría un presidente. Lo defiende en la aritmética de la Cámara de los Comunes, cada día que el Parlamento sesiona.

¿Qué cambia entre gobernar con mayoría y gobernar en minoría?

De los 343 escaños, hacen falta 172 para tener mayoría. Con ese número el gobierno aprueba el presupuesto y sus leyes con sus propios votos, sin pedirle permiso a nadie.

En minoría, todo se negocia. Y hay un detalle que hace la diferencia entre una incomodidad y una crisis: ciertas votaciones son “de confianza”, empezando por el presupuesto. Si el gobierno pierde una de esas, cae, y el país va a elecciones generales en cuestión de semanas. No hay que esperar a que se cumpla un periodo fijo como en un sistema presidencial. Ese es el motivo por el que una sola curul puede valer tanto.

Lo que estaba en juego el lunes

Como ya lo contamos en agosto, dos de las tres curules en disputa eran liberales y una era conservadora, y al gobierno le bastaba con ganar dos para conservar la mayoría cuando estén ocupados todos los escaños. Ganó las dos que la CBC ya proyectó, y una de ellas, Chicoutimi-Le Fjord, venía de los conservadores. Es decir, no solo defendió lo suyo: sumó.

Conviene precisar de qué estamos hablando. Se trata de proyecciones hechas sobre conteos preliminares. Las cifras oficiales y definitivas las publica Elections Canada, y pueden moverse cuando se cuentan las boletas especiales.

¿Y esto le cambia algo al inmigrante latino?

De manera indirecta, sí. Un gobierno con mayoría puede sostener sin negociar tres cosas que tocan de cerca a esta comunidad: el plan de niveles de inmigración, que fija cuántos residentes permanentes y temporales entran al país cada año; la respuesta arancelaria frente a Estados Unidos, junto con el paquete de apoyo a trabajadores y empresas que la acompaña; y el presupuesto, que financia todo lo demás.

En minoría, cada una de esas piezas se convierte en moneda de cambio. Y la política migratoria de un gobierno que necesita votos ajenos para respirar suele ser, sobre todo, una política más impredecible.

¿Puede votar un residente permanente?

No. La Ley Electoral de Canadá no deja margen de interpretación: “Toda persona que sea ciudadana canadiense y que el día de la votación tenga 18 años o más está calificada como elector.” Ciudadanía y edad. Nada más.

Eso deja por fuera a los residentes permanentes, a los trabajadores con permiso, a los estudiantes internacionales y a los solicitantes de asilo, sin importar cuántos años lleven viviendo, trabajando y pagando impuestos aquí. Es una de las diferencias más duras de asimilar para quien viene de países donde el derecho al voto se recupera apenas se regulariza el estatus.

Entonces, ¿qué sí puede hacer quien no vota?

Dos cosas concretas, y ninguna de las dos es simbólica.

La primera es aportar. Elections Canada establece que solo las personas que son ciudadanas canadienses o residentes permanentes pueden hacer contribuciones a partidos registrados, asociaciones de distrito y candidatos. El residente permanente no vota, pero sí puede financiar la campaña de quien quiere que lo represente.

La segunda es la más útil en el día a día: usar la oficina del diputado. Los diputados atienden a quien vive en su circunscripción, y en materia migratoria tienen acceso a una puerta que el público general no tiene. IRCC opera un Centro Ministerial para Diputados y Senadores, que es el canal oficial por el que las oficinas parlamentarias consultan expedientes; solo en el año fiscal 2024-2025 se completaron alrededor de 74,000 citas a través de ese servicio. Cuando una solicitud lleva meses sin moverse y el portal en línea no dice nada nuevo, esa es una de las pocas vías reales que quedan, y no exige ser ciudadano para tocarla.

Por qué esto no termina el lunes

La mayoría que los liberales aseguraron es real, pero estrecha. En Quebec ya hay al menos otra curul vacante, la de Saint-Hyacinthe-Bagot-Acton, que en algún momento tendrá que votarse, y en un Parlamento tan ajustado cada renuncia y cada nombramiento vuelve a abrir la aritmética desde cero.

Para quien está construyendo una vida en Canadá, la lección práctica no es seguir voto por voto lo que pasa en Ottawa. Es entender que la política migratoria y económica del país se sostiene hoy sobre un margen de pocos escaños, y que ese margen se mueve.

Redacción de Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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