Estados Unidos prohíbe el licor canadiense desde el 29 de septiembre, y esto ya no es un arancel

Una orden firmada el 8 de septiembre cierra el mercado estadounidense al vino, la cerveza y los destilados canadienses a partir del 29. La diferencia con lo que veníamos viviendo es de fondo: no es que cueste más entrar. Es que no entra.
¿Qué cambia exactamente ese día?
Hasta ahora el alcohol canadiense pagaba un arancel del 50% para cruzar la frontera, castigo alto pero salida al fin. Desde el 29 de septiembre queda prohibida la importación. La orden aclara que los productos que hayan entrado a territorio estadounidense pero no hayan sido nacionalizados antes de esa fecha seguirán sujetos al 50%.
¿A quién le pega en Canadá?
A una industria más grande de lo que parece desde afuera. Dos de las marcas afectadas, Crown Royal y Fireball, mueven por sí solas unos 2.400 millones y 1.450 millones de dólares en ventas minoristas en Estados Unidos. El Crown Royal se destila en Gimli, Manitoba, y el Fireball es un whisky de origen canadiense cuya marca pertenece desde 1989 a la estadounidense Sazerac. Y como el veto cubre también vino y cerveza, alcanza además a las bodegas de Niágara y del valle de Okanagan que exportan al sur, y a todo lo que va detrás: embotellado, almacenamiento y transporte.
Son trabajos de planta, de turno y de temporada. Es decir, exactamente el tipo de empleo donde hay mucha mano de obra latina recién llegada, y el primero que se recorta cuando una empresa pierde su mercado principal de un día para otro.
¿Cómo llegamos hasta acá?
La escalada viene de meses. Las provincias canadienses sacaron el licor estadounidense de los estantes de sus tiendas oficiales y las exportaciones de destilados de Estados Unidos a Canadá cayeron más de 70%. Chris Swonger, presidente del Consejo de Destilados de Estados Unidos, pidió públicamente «una solución negociada que devuelva los destilados estadounidenses a los estantes» en todo Canadá.
Las negociaciones formales entre los dos gobiernos se rompieron el 21 de agosto, cuando Washington metió exigencias de último minuto y Mark Carney retiró a su delegación. El 12 de septiembre, desde Irlanda, Donald Trump dijo que un acuerdo comercial con Canadá podría llegar «bastante pronto». Por ahora, es solo una frase.
¿Hay algo de red para el que trabaja en el sector?
Ontario amplió el 10 de septiembre la elegibilidad de sus programas de apoyo por aranceles, e incluyó el alcohol entre los sectores nuevos, junto con motocicletas, lácteos, acero y aluminio, quesos especiales, colchones, muebles y productos de papel. Hay dos instrumentos: el Protect Ontario Financing Program, que presta para cubrir nómina, arriendo y servicios, y el Ontario Together Trade Fund, con préstamos y subsidios para pequeñas y medianas empresas que quieran dejar de depender de la cadena estadounidense.
El dinero va a la empresa, no al trabajador. Pero si el empleador califica y lo pide a tiempo, es la diferencia entre aguantar el golpe y mandar gente a la casa.
Una fecha que conviene marcar en el calendario
Faltan dos semanas para el 29 de septiembre. Quien trabaje en una destilería, un viñedo, una planta de embotellado o el transporte de esos productos tiene ese plazo para preguntar en su trabajo si la empresa ya aplicó a los programas provinciales, y para revisar qué le corresponde en caso de una suspensión temporal.
Redacción de Mauricio Navas TaleroLJI Reporter




