Un nuevo estudio piloto ha revelado que masticar chicle podría liberar cientos o incluso miles de microplásticos en la saliva, sumándose a la creciente lista de fuentes de contaminación plástica en la vida cotidiana. La investigación, actualmente en revisión por pares, será presentada en la reunión bianual de la Sociedad Química Americana en San Diego y se espera su publicación en la revista Journal of Hazardous Materials Letters a finales de este año.
Liberación de microplásticos
Los microplásticos, fragmentos de plástico de menos de 5 milímetros, han sido encontrados en diversas partes del cuerpo humano, desde la sangre y los pulmones hasta la placenta y el cerebro. Investigaciones previas han demostrado que la exposición a estas partículas ocurre principalmente a través de la inhalación y la ingesta de alimentos contaminados durante su procesamiento y envasado.
Sin embargo, el chicle es un producto único que contiene polímeros plásticos como ingrediente principal. Para evaluar la cantidad de microplásticos liberados al masticar, los investigadores analizaron diez tipos de chicles populares en EE.UU., dividiéndolos en sintéticos y naturales.
Un voluntario masticó cada chicle durante cuatro minutos mientras los investigadores recolectaban su saliva cada 30 segundos. Luego, el participante enjuagó su boca varias veces con agua purificada para asegurar que se capturaran todos los microplásticos liberados. Este procedimiento se repitió siete veces con cada muestra de chicle, y algunos fueron masticados hasta por 20 minutos para evaluar el impacto del tiempo.
El análisis reveló que un solo gramo de chicle liberaba en promedio 100 microplásticos, aunque algunas muestras llegaron a liberar hasta 637 partículas. El 94% de los microplásticos fueron liberados en los primeros ocho minutos de masticación, y sorprendentemente, los chicles naturales no mostraron una reducción significativa en la cantidad de plásticos liberados en comparación con los sintéticos.
Los cuatro tipos de polímeros plásticos predominantes encontrados en ambas categorías de chicle fueron poliolefinas, tereftalato de polietileno (PET), poliacrilamidas y poliestirenos, los mismos materiales utilizados en productos plásticos de consumo diario. El estudio también reveló que la falta de transparencia en la industria del chicle dificulta determinar el origen de estos microplásticos. Las etiquetas y sitios web de los fabricantes rara vez detallan los componentes de la base del chicle o sus procesos de producción.
Los expertos enfatizan la necesidad de más investigación sobre los microplásticos en la alimentación y sus posibles efectos en la salud. Mientras tanto, la comunidad científica insta a una mayor regulación y transparencia en la industria alimentaria para reducir la exposición involuntaria a estos contaminantes.
Redacción de: Karen Rodríguez A.