En medio de una guerra arancelaria que ya lleva casi año y medio, el primer ministro Mark Carney dejó clara una línea roja: no piensa usar las exportaciones energéticas de Canadá como ficha de negociación frente a Estados Unidos, aunque tampoco lo descartó por completo.
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¿Qué dijo exactamente Carney?
Consultado sobre si Canadá consideraría restringir el flujo de energía hacia Estados Unidos como forma de presión, Carney respondió este miércoles que “no ve el valor” en esa estrategia, aunque evitó cerrar la puerta del todo. El comentario llega mientras ambos países se preparan para “intensificar” las negociaciones comerciales.
¿Por qué se habla de esto ahora?
La pregunta no es casual. Estados Unidos decidió a inicios de julio no renovar el T-MEC en su primera revisión conjunta, lo que abrió un periodo de negociaciones más tensas de lo habitual. A eso se suma que Trump ya ha impuesto —o amenazado con imponer— distintos aranceles a productos canadienses, con nuevas tarifas del 50% programadas para el 19 de agosto.
En ese contexto, algunos analistas y políticos han sugerido que Canadá podría usar su posición como principal proveedor de energía de Estados Unidos como palanca de negociación. Carney, al menos por ahora, rechaza esa vía.
¿Qué significa esto para la economía canadiense?
Mantener el flujo normal de energía hacia Estados Unidos evita una escalada que podría disparar los precios de la gasolina y otros derivados energéticos a ambos lados de la frontera, algo que golpearía directamente el bolsillo de cualquier familia, incluidas las miles de familias latinas que dependen del auto para trabajar y llevar a sus hijos a la escuela.
¿Qué sigue?
Con las negociaciones comerciales por intensificarse en las próximas semanas, y el arancel del 50% acercándose en el calendario, la postura de Canadá sobre qué está —y qué no está— dispuesto a poner sobre la mesa seguirá siendo una de las historias más importantes del verano.
Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter





