Bell sube sus precios en octubre, y esa es la señal para hacer lo más canadiense que existe: cambiarse

Desde el ciclo de facturación de octubre, Bell empieza a cobrar seis dólares más al mes por el servicio de celular, cinco más por el internet Fibe de Bell MTS, tres por la televisión y entre uno y dos por la línea fija. El aviso no salió en un comunicado: llegó en un papelito dentro de la factura. Y para el recién llegado, la reacción correcta no es resignarse, sino algo que en Latinoamérica casi nadie hace y que aquí es rutina.
Tres empresas, muchos nombres, un solo juego
Lo primero que hay que entender es el mapa. En Canadá hay tres gigantes de telecomunicaciones, conocidos como los Big Three: Bell, Rogers y Telus. Entre los tres controlan cerca del 90% del mercado nacional de telefonía móvil, según el informe de mercado del organismo regulador, la CRTC.
Lo segundo es que casi todas las marcas baratas que uno ve anunciadas pertenecen a esos mismos tres. Fido y Chatr son de Rogers. Virgin Plus y Lucky Mobile son de Bell. Koodo y Public Mobile son de Telus. Es decir que cuando alguien se pasa de Bell a Koodo cree estar huyendo de un gigante y en realidad está entrando a otro, pero con una factura considerablemente más baja por el mismo servicio.
Eso no significa que no haya competencia real. Los datos del regulador muestran que los competidores nuevos se llevaron más del 55% de los abonados móviles sumados en 2024. Las tres grandes ya no tienen la pista sola.
Por qué aquí es normal cambiarse y en nuestros países no
En buena parte de América Latina la relación con la compañía de teléfono es casi matrimonial: uno se queda años, aguanta las subidas y renueva por inercia. En Canadá funciona al revés, y quien no lo entiende termina pagando de más durante años sin darse cuenta.
Aquí las promociones agresivas van dirigidas a quien llega desde otra empresa, no a quien ya está adentro. Las mejores ofertas aparecen en temporadas concretas, sobre todo Black Friday, Boxing Day y el regreso a clases. Y el propio regulador reporta que los canadienses hoy tienen más del doble de probabilidad de cambiar de plan por razones de costo que en el otoño de 2023. O sea: moverse no es desleal, es lo que hace todo el mundo.
Los números respaldan la costumbre. Desde 2023, los planes de 10 GB y los de 100 GB bajaron entre 2% y 3% de precio, y los de 50 GB subieron apenas 1,5%. Quien firmó un plan hace tres años y nunca lo revisó, probablemente esté pagando por encima de lo que hoy consigue un cliente nuevo.
Las reglas que protegen al que se quiere ir
Este es el punto que más sorprende a quien recién llega, porque en muchos países de origen simplemente no existe. Desde el 12 de junio de este año, por decisión de la CRTC, las compañías no pueden cobrar tarifas de activación ni de modificación de plan, y tampoco pueden cobrar penalidad por cancelación anticipada cuando el contrato no incluye un teléfono subsidiado.
Además, desde abril el regulador obliga a las empresas a permitir que uno cambie o cancele su plan por aplicación, por internet o por correo electrónico, sin tener que ir a una tienda ni pelear por teléfono. «Tener más opciones no es suficiente. Los canadienses necesitan formas simples de aprovechar esa opción», dijo Vicky Eatrides, presidenta de la CRTC, al anunciar la medida.
El Código de Servicios Inalámbricos suma otras protecciones que conviene saberse de memoria: el teléfono debe entregarse desbloqueado o la empresa debe desbloquearlo gratis cuando el cliente lo pida; hay un período de prueba de al menos 15 días para cancelar sin penalidad, que sube a 30 días para personas con discapacidad; los cargos por exceso de datos se suspenden automáticamente al llegar a 50 dólares en un mismo ciclo de facturación, salvo que uno acepte expresamente pagar más; y el número de teléfono se conserva al cambiar de compañía, no hay que empezar de cero.
El detalle que cambia todo para el recién llegado: prepago
Sin historial de crédito canadiense, muchos inmigrantes se encuentran con que la compañía les pide un depósito alto o directamente les niega un plan mensual. La salida es el prepago, que no exige verificación de crédito y además sale más barato.
Con teléfono propio, los planes prepagos de las marcas económicas rondan los 21 dólares al mes por 1 GB de datos con llamadas y mensajes ilimitados; unos 29 dólares por 30 o 35 GB; alrededor de 34 dólares por 50 a 80 GB; y cerca de 50 dólares por 100 GB con llamadas a Estados Unidos incluidas. Los precios cambian según la provincia y las promociones del momento.
Dos trucos que suman: activar el pago automático y la factura electrónica suele descontar entre 5 y 10 dólares al mes, y si la familia llegó junta conviene comparar los planes de varias líneas antes de contratar individualmente.
Y si algo sale mal
Si una compañía sube el precio en medio de un contrato con precio garantizado, o cobra una tarifa que ya está prohibida, el primer paso es reclamarle a la empresa citando el código correspondiente. Si no resuelve, existe la Comisión de Quejas de Servicios de Telecomunicaciones y Televisión, la CCTS, que atiende gratis en el 1-888-221-1687 y puede obligar a la empresa a corregir.
Nada de esto exige inglés perfecto ni un abogado. Exige solamente saber que el derecho existe, que la factura no es intocable y que en este país cambiarse de compañía es una costumbre tan normal como cambiar de supermercado.
Redacción de Mauricio Navas Talero LJI Reporter




