Trump amenaza con rebautizar el lago Ontario como “Lake America” y horas después dice que “ama a los franco-canadienses”

En medio del colapso de las negociaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos, el presidente Donald Trump escribió en su red social Truth Social que su gobierno está considerando “seriamente” cambiarle el nombre al lago Ontario por “Lake America”, porque, según dijo, ya no espera “hacer mucho negocio con Ontario”. Horas más tarde, al ser consultado por versiones de que Washington había exigido restringir el uso del francés durante las negociaciones, el mandatario lo negó de forma tajante y remató asegurando que “ama a los franco-canadienses”.
¿Qué dijo exactamente Trump sobre el lago Ontario?
En su publicación, Trump argumentó que, si ya no va a “hacer negocios” con la provincia de Ontario en medio de la guerra comercial, Estados Unidos bien podría considerar renombrar el lago que comparten ambos países. La declaración llegó apenas días después de que las negociaciones colapsaran y de que Washington mantuviera un arancel del 50% sobre unos 28.000 millones de dólares en productos canadienses.
¿Por qué salió a hablar del idioma francés?
Circulaban versiones —confirmadas por el propio Carney y por radios canadienses— de que, entre las condiciones de último momento que hicieron caer la negociación, Estados Unidos había pedido reducir las exigencias de etiquetado en francés y recortar el financiamiento a la cultura francófona canadiense. Trump negó tajantemente haber pedido eso: “Nunca se me ocurriría hacer algo tan estúpido”, escribió, y acusó a Carney de haber inventado el tema para ganar apoyo político en Quebec.
¿Cómo respondió Canadá?
La respuesta llegó rápido y por partida doble. La canciller Mélanie Joly zanjó el tema del nombre del lago con una frase corta: “Siempre lo vamos a llamar lago Ontario, punto.” Mientras tanto, el ministro de Comercio, François-Philippe Champagne, insistió en que el gobierno mantiene informados a los canadienses “diariamente” sobre el estado de la negociación, en respuesta a las críticas de que el proceso ha sido demasiado opaco.
¿Por qué esto no es solo una anécdota?
Declaraciones como esta —tomadas en serio por buena parte de la prensa canadiense y respondidas de inmediato por dos ministros del gobierno— funcionan como termómetro informal de qué tan lejos está la relación entre los dos países en plena guerra comercial. Mientras el tono en redes sociales oscila entre amenazas territoriales y elogios repentinos a los franco-canadienses, la parte que sí golpea el bolsillo —aranceles, empleos, el precio de los lácteos y los electrodomésticos— sigue firme y en escalada para cualquiera que viva en Canadá, hable el idioma que hable.
Redacción de Mauricio Navas Talero LJI Reporter

