Comprar casa sigue siendo posible para muchos inmigrantes en Canadá, pero el precio puede ser más alto de lo que parece

Para muchas familias latinoamericanas que llegan a Canadá, el primer gran objetivo no es comprar un carro ni cambiar de trabajo. Es dejar de pagar arriendo. Tener una casa propia suele representar mucho más que una inversión: es la sensación de haber echado raíces después de empezar de cero.

Durante años, esa meta pareció alejarse. El aumento en las tasas de interés y el encarecimiento de la vivienda hicieron pensar que comprar una propiedad sería cada vez más difícil, especialmente para quienes acababan de llegar al país. Sin embargo, un nuevo estudio de Statistics Canada muestra una realidad más compleja.

Aunque el acceso a la vivienda continúa siendo uno de los mayores desafíos para los recién llegados, cada vez más inmigrantes recientes están logrando convertirse en propietarios. La pregunta es cómo lo están haciendo y cuánto les está costando.

Una tendencia que sorprendió a los investigadores

El estudio, publicado por Statistics Canada este mes, analizó el comportamiento de miles de inmigrantes recientes y comparó su acceso a la vivienda con el de las personas nacidas en Canadá.

Uno de los hallazgos más llamativos ocurrió en Ontario.

Entre quienes llevaban alrededor de cinco años viviendo en la provincia, la tasa de propietarios pasó de 35,7 % en 2018 a 40,2 % en 2021. Durante ese mismo período, la proporción de propietarios nacidos en Canadá disminuyó.

A primera vista, el dato parece contradictorio. Si las viviendas son cada vez más costosas, ¿cómo es posible que más inmigrantes estén comprando?

La explicación no está en que las casas sean más asequibles. Está en el enorme esfuerzo financiero que muchas familias están haciendo para entrar al mercado.

El sueño de la casa propia también tiene un costo

Comprar vivienda nunca ha sido sencillo, pero para muchos inmigrantes recientes el proceso implica sacrificios adicionales.

Es frecuente que varias personas de una misma familia trabajen al mismo tiempo para reunir el pago inicial. También es común que padres e hijos compartan vivienda durante varios años, que hermanos compren juntos o que familiares desde el exterior ayuden económicamente para completar la cuota inicial.

El estudio sugiere precisamente eso.

Muchos inmigrantes recientes están comprando viviendas incluso cuando sus ingresos son inferiores a los de propietarios nacidos en Canadá. En otras palabras, están destinando una mayor proporción de sus ingresos al pago de la vivienda y asumiendo niveles de endeudamiento más altos.

La propiedad llega, pero también llega acompañada de una presión financiera considerable.

No todos empiezan desde el mismo lugar

El informe también ayuda a desmontar una idea equivocada.

Cuando Statistics Canada habla de «inmigrantes recientes», no necesariamente se refiere a personas que aterrizaron hace pocos meses.

Muchos ya llevaban años viviendo en Canadá como estudiantes internacionales o trabajadores temporales antes de obtener la residencia permanente. Eso significa que ya conocían el mercado laboral, habían construido historial crediticio y, en algunos casos, habían logrado ahorrar parte del dinero necesario para comprar.

Esa experiencia previa marca una diferencia importante frente a quienes llegan directamente desde el exterior sin redes de apoyo ni historial financiero canadiense.

También existen diferencias entre categorías migratorias.

Los inmigrantes económicos suelen alcanzar niveles de propiedad más rápidamente que quienes llegaron como refugiados o mediante programas humanitarios, debido a que normalmente ingresan al país con mayor estabilidad laboral y mejores ingresos.

El mercado sigue siendo un desafío

Que más inmigrantes estén comprando vivienda no significa que el problema de la asequibilidad haya desaparecido.

Toronto continúa siendo uno de los mercados inmobiliarios más costosos del país. El valor de las propiedades y el costo de las hipotecas siguen obligando a muchas familias a buscar vivienda cada vez más lejos del centro de la ciudad o a aceptar trayectos diarios más largos para poder acceder a precios ligeramente menores.

La situación también afecta a quienes todavía arriendan.

Cada familia que logra comprar deja una vivienda de alquiler disponible, pero la demanda sigue siendo tan alta que el alivio sobre el mercado es limitado.

Por eso, expertos coinciden en que aumentar la construcción de viviendas continúa siendo uno de los principales retos para todos los niveles de gobierno.

Más que una inversión

Para muchas familias latinoamericanas, comprar una casa representa algo difícil de medir en cifras.

Es la confirmación de que el proyecto migratorio empezó a dar resultados.

Es el lugar donde crecerán los hijos.

Es la posibilidad de dejar de depender de contratos de arriendo que cambian cada año.

Es, en muchos casos, el primer patrimonio construido fuera del país de origen.

Pero el estudio de Statistics Canada también deja una advertencia.

Llegar a la vivienda propia no siempre significa haber alcanzado la tranquilidad económica. En ocasiones, apenas marca el comienzo de una etapa donde cada aumento en las tasas de interés, cada reparación inesperada y cada cambio en el mercado laboral puede poner a prueba la estabilidad financiera de toda la familia.

El sueño de tener casa propia sigue vivo para miles de inmigrantes en Canadá.

La diferencia es que, hoy más que nunca, ese sueño exige hacer cuentas con mucho cuidado.

Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter