Hay personas que llegan a Canadá con una maleta. Otras llegan con una carpeta llena de documentos. Muchas llegan únicamente con una historia que necesitan demostrar.
Cada año, miles de personas solicitan protección en Canadá después de abandonar sus países por persecución política, violencia, amenazas, conflictos armados o graves violaciones a los derechos humanos. Para ellas, el 20 de junio, Día Mundial del Refugiado, no es una fecha simbólica. Es un recordatorio de por qué tuvieron que empezar de nuevo.
Este año, la conmemoración adquirió un significado especial. Canadá recordó los 75 años de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, el tratado internacional que sentó las bases del sistema moderno de protección para quienes huyen de sus países. Al mismo tiempo, el Gobierno federal avanza en una serie de reformas destinadas a modernizar y agilizar el procesamiento de las solicitudes de asilo, en un momento en que el sistema enfrenta una presión sin precedentes.
Un país que sigue recibiendo a quienes buscan protección
Durante décadas, Canadá ha construido una reputación internacional como uno de los países con mayor compromiso hacia la protección de refugiados.
Sin embargo, esa imagen convive hoy con una realidad compleja.
El número de solicitudes de asilo ha crecido de manera sostenida durante los últimos años, lo que ha generado demoras en los procesos, presión sobre los sistemas de alojamiento temporal y mayores desafíos para ciudades como Toronto, donde muchos solicitantes permanecen durante meses mientras esperan una decisión.
Solo en Toronto, organizaciones comunitarias y refugios han advertido que la demanda de espacios de alojamiento ha aumentado considerablemente desde la pandemia, obligando a los gobiernos municipal, provincial y federal a coordinar recursos adicionales para atender la situación.
Una realidad cercana para la comunidad latina
Aunque el concepto de «refugiado» suele asociarse a conflictos lejanos, para la comunidad latinoamericana es una realidad mucho más próxima.
Colombia, Venezuela, Haití, Cuba, Nicaragua y varios países de Centroamérica han sido, en distintos momentos, origen de personas que solicitaron protección en Canadá después de enfrentar persecución, violencia o situaciones que comprometían su seguridad.
Cada caso es diferente.
No todas las personas que abandonan su país califican como refugiadas según la legislación canadiense, y precisamente por eso el proceso de evaluación suele ser largo y detallado.
Las autoridades analizan cada expediente de manera individual para determinar si existe un riesgo real de persecución o de sufrir daños graves en caso de regresar al país de origen.
Las reformas que vienen
Mientras el país conmemora el Día Mundial del Refugiado, el Gobierno federal también trabaja en cambios para hacer más eficiente el sistema de asilo.
Entre las medidas propuestas se encuentra la digitalización de buena parte del proceso, la creación de una solicitud única y mecanismos que permitan reducir los tiempos de espera para quienes presentan su caso.
El objetivo oficial es agilizar las decisiones y disminuir el enorme volumen de expedientes acumulados.
Diversas organizaciones que trabajan con refugiados apoyan la necesidad de acelerar los procesos, pero advierten que la rapidez no debe comprometer las garantías de quienes buscan protección.
Para muchas personas, una decisión negativa puede significar el regreso a un entorno donde su vida o su libertad corren peligro.
Evitar la desinformación
Uno de los mayores problemas que enfrentan quienes llegan a Canadá es la cantidad de información falsa que circula sobre el sistema de refugio.
En redes sociales abundan los consejos de personas que aseguran conocer «atajos» para obtener la residencia permanente o que presentan el refugio como una alternativa migratoria para cualquiera que desee permanecer en el país.
No es así.
Solicitar refugio implica demostrar que existe un temor fundado de persecución o un riesgo serio si la persona regresa a su país. Presentar una solicitud sin cumplir esos requisitos puede terminar en un rechazo y afectar futuros procesos migratorios.
Por eso, organizaciones especializadas recomiendan buscar asesoría jurídica calificada antes de iniciar cualquier trámite y desconfiar de quienes prometen resultados garantizados.
Detrás de cada expediente hay una historia
Las cifras ayudan a entender la magnitud del fenómeno, pero rara vez muestran lo que ocurre detrás de cada solicitud.
Hay familias separadas por fronteras.
Profesionales que dejaron atrás carreras consolidadas.
Niños que comienzan una nueva vida aprendiendo otro idioma.
Adultos que deben reconstruir su identidad laboral desde cero.
El sistema canadiense analiza documentos, fechas y pruebas. Pero detrás de cada expediente hay personas intentando recuperar algo mucho más difícil de medir: la tranquilidad.
Canadá continúa siendo uno de los principales destinos para quienes buscan protección internacional. Mantener ese compromiso implica encontrar un equilibrio entre la eficiencia administrativa y el respeto por los derechos de quienes llegan al país con la esperanza de empezar de nuevo.
Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter
