Un estudio realizado en Dinamarca ha identificado una posible asociación entre determinadas actividades físicas realizadas durante las primeras semanas de embarazo y un mayor riesgo de aborto espontáneo. La investigación, basada en más de 800.000 embarazos, sugiere que ciertas posturas y movimientos frecuentes en el entorno laboral podrían influir en el desarrollo temprano de la gestación.
Los investigadores analizaron 803.829 embarazos de 475.312 mujeres entre 2004 y 2018 utilizando un modelo especializado que combinó datos obtenidos mediante dispositivos de seguimiento de actividad física y evaluaciones de expertos sobre las exigencias de distintos trabajos. El objetivo fue determinar si actividades como caminar, permanecer de pie o inclinarse hacia adelante durante la jornada laboral estaban relacionadas con una mayor probabilidad de pérdida gestacional.
Los resultados mostraron que cada hora adicional de inclinación hacia adelante en un ángulo de aproximadamente 30 grados durante una jornada laboral de ocho horas se asoció con un aumento del 36% en el riesgo de aborto espontáneo. Asimismo, cada hora adicional caminando se relacionó con un incremento del 18%, mientras que permanecer de pie durante más tiempo mostró un aumento más moderado, del 3%.
Los expertos piden cautela al interpretar los resultados
A pesar de los hallazgos, los autores del estudio enfatizan que se trata de una investigación observacional, por lo que no puede establecer una relación directa de causa y efecto entre estas actividades y los abortos espontáneos. Los especialistas advierten que podrían existir otros factores que influyan en los resultados, como el tabaquismo, el levantamiento de cargas pesadas, el trabajo nocturno o la exposición a determinadas sustancias en el entorno laboral.
La profesora Asma Khalil, especialista en obstetricia y medicina materna de la Universidad de Londres, destacó que el estudio es uno de los más grandes realizados sobre este tema y que presenta importantes fortalezas metodológicas. Sin embargo, subrayó que los resultados no deben interpretarse como una señal de que las actividades cotidianas o el movimiento normal durante el embarazo sean peligrosos.
Los investigadores consideran que los hallazgos podrían contribuir a mejorar las recomendaciones sobre salud ocupacional para mujeres embarazadas, especialmente durante las primeras semanas de gestación, una etapa que suele recibir menos atención en las políticas laborales. Según los autores, aunque los mecanismos biológicos aún no están completamente claros, algunas posturas o esfuerzos físicos podrían afectar la irrigación de la placenta o ciertos procesos hormonales fundamentales para el desarrollo del embarazo.
Redacción de: Karen Rodríguez A.





